Un referéndum pasado por agua

Carlos Fernández A CORUÑA

A CORUÑA

Historias de A Coruña | Veinticinco años de Constitución A pesar de ser un día lluvioso, frío y laborable, más de cien mil coruñeses se acercaron a las urnas para dar su respaldo a la nueva ley fundamental

06 dic 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

El 6 de diciembre de 1978, el 6-D como se comenzaba a simplificar las fechas importantes de la transición política española, coincidió con día laborable (miércoles). Si a ello se unía que el tiempo en A Coruña era lluvioso, con viento del suroeste y temperaturas entre 15 y 9 grados, la abstención en el referéndum constitucional se prometía alta. Encima, el censo estaba inflado, con mucha gente que figuraba como residente y ya no vivía en la ciudad, mientras que otros que residían en ella no estaban inscritos. Frente a los que decían que la democracia dilapidaba el dinero público, el Gobierno Civil hizo pública una nota en la que se especificaba que los gastos del referéndum en la provincia coruñesa alcanzaban los 12,8 millones de pesetas y la parte más importante eran los 5,6 millones de las mesas electorales. Desde primeras horas de la mañana, los votantes comenzaron a acudir a los dos centenares largos de aquellas. Por primera vez participaban los jóvenes entre 18 y 21 años, tras la rebaja de la mayoría de edad. El censo ciudadano alcanzaba las 165.673 personas. El más madrugador entre las autoridades coruñesas fue el alcalde, José Manuel Liaño Flores (que dimitiría pocas semanas después, dando acceso a Berta Tapia, la primera mujer regidora municipal en la historia coruñesa), el cual depositó su voto a las nueve y cuarto de la mañana en la urna del Palacio de Justicia. Como los fotógrafos de prensa no habían llegado, don José Manuel volvió una hora más tarde y simuló una nueva votación ante las cámaras. Confusión Mucha gente creía que las elecciones eran las municipales (que se celebrarían en abril de 1979). En una mesa del distrito quinto, un paisano dijo al llegar: «Eu voto a don Marcelino Lobato, ¿onde está a papeleta?». Había, también, miedo a que desapareciesen las papeletas del sí, pues algunos partidos ultras, como Fuerza Nueva, habían calificado a la Constitución como «atea, falsa y traidora» (al 18 de julio, claro). Entre la gente que acudía a votar indocumentada, destacó el mismísimo presidente de la Audiencia Territorial, José de la Torre Ruiz. Menos mal que fue reconocido por el dirigente de la mesa y pudo votar, lo cual semejaba ilegalidad. Varias personas mayores recordaron que en el referéndum de la Ley de Sucesión de 1947 (celebrado bajo el eslogan Franco sí, comunismo no ), bastantes votantes lo hicieron sin enseñar documentación alguna. Incluso hubo falangistas que votaron diez veces, invocando el santo pucherazo . A la hora del almuerzo, la policía armada repartió bolsas de comida entre los componentes de las mesas a los que no habían suministrado sus propios familiares. El almuerzo estaba formado de tres bocadillos, uno de ellos de jamón, fruta y vino o cerveza. Costó cada una al erario público 125 de las antiguas pesetas. Comida especial El gobernador civil, señor Gómez Aguirre, que había establecido su cuartel general en la delegación de Cultura de la plaza de Pontevedra, llegó a las tres de la tarde sin probar bocado, trasladándose posteriormente a la cercana cafetería Manhattan, donde pidió un plato combinado. Entre los personajes conocidos que votaron, la prensa destacaba al diputado socialista Francisco Vázquez, quien manifestó que las corporaciones municipales carecían ya de legitimidad jurídica; Manuel Iglesias Corral, Marcelino Lobato, Enrique Marfany, Fernando García Agudín, Anxel Guerreiro, José Luis Meilán, Fernando González Laxe. Sorprendente fue el caso del presidente de la Real Academia Gallega, García Sabell, que estaba censado como analfabeto (en su ficha policial figuraba como desafecto al régimen ). Dado que era día laborable, algunas empresas se mostraron reticentes a dar cuatro horas a sus trabajadores para votar. El Gobierno Civil recibió varias llamadas de algunas de ellas, preguntando si no era suficiente una hora para depositar el voto. Antonio Vázquez Guillén, diputado de UCD por A Coruña, manifestaba a la prensa su preocupación por la abstención entre los jóvenes. «Es la Constitución que va a presidir sus vidas», añadía el político. Del asilo de ancianos salió poca gente a votar, pues «hacía frío». Una señora de Betanzos entregó su papeleta con un «sí al divorcio». En el Kiosco Alfonso se instalaron las dos secciones para residentes en el extranjero, siendo la mayoría de los votos de Suiza.