12 mar 2004 . Actualizado a las 06:00 h.
Ante un auditorio del Palacio de la Ópera lleno y entregado, Dulce Pontes puso la nota musical y de poesía. La cantante convirtió la noche coruñesa en un crepúsculo de fados portugueses y de folclore, pero también en una noche afectuosa, sensible, en la que optó por acompañar al pueblo español en el dolor que le asola. Leyó un poema y lo dedicó a las víctimas de una guerra sin sentido. Después de un riguroso silencio, Dulce Pontes puso su voz al servicio de las canciones de Ennio Morricone, un experto compositor de bandas sonoras, al que se sumó para brindar al auditorio un ramo musical.