HERCULÍNEAS | O |

26 mar 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

LO CONFIESO. Sí yo también he entrado en esa página de Internet donde es posible saber algo de algunos de mis compañeros de la infancia o la adolescencia. Incluso de los de aquellos nueve meses de mili con las guardias en la garita de Monticaño, el mismo cuartel abandonado que hoy es un parque forestal con un magnífico entorno. Entré por nostalgia, por la necesidad de saber algo más de aquellos compañeros de clase de los que parecía que nunca iba a despegarme. De aquéllos que, precisamente, siempre me repetían eso de 'tú tranquilo, que nosotros nos vamos a seguir viendo todos los días'. Hoy, sigo disfrutando de alguno de ellos, como Rubén, con el que he compartido una larga trayectoria personal y profesional desde los catorce años. Pero Internet me enseñó la cara de María José, aquella chica a la que vi por última vez hace siete u ocho años una noche de fin de año. O el de Pilar, que ahora trabaja en Madrid en una multinacional. La pena es que no hay ni una línea de Carlos Milán, Jerónimo o Suso Pombo o de la hija de aquel profesor hueso que te hacía dudar de que su padre pudiera ser tan insensible a la hora de catearme las matemáticas. francisco.espineira@lavoz.es