«No se callen, denuncien pronto»

A CORUÑA

Testimonio | Sufrir en soledad «La ley ha cambiado mucho. A mí, hace diecisiete años, las monjas me aconsejaron volver a casa y pedir perdón a mi marido tras una paliza»

18 may 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

No dio su nombre, pero su testimonio atronó a través de los micrófonos de Radio Voz. Ella contó su experiencia de hace más de tres lustros con la voz aún temblorosa. «Prefiero no acordarme de nada», dijo. Sin embargo, de su mente no pueden borrarse tan fácilmente las huellas de las palizas de su ex marido. «Tenía cuatro hijos, dos niñas y dos niños. Mi marido me pegaba a menudo. La última paliza fue tan fuerte que hasta las niñas se asustaron y se pusieron a llorar como locas. Mi pareja nos echó a las tres de casa y nos dejó en las escaleras mientras él y los niños seguían durmiendo en casa. Me fui a la Casa Cuna y les pedí que me dejaran dormir allí, que me dieran trabajo y que me ayudaran. No podían hacer nada y me mandaron al Refugio. Allí, las monjas me dijeron que aquel lugar no era el más adecuado para que crecieran unas niñas, rodeadas de borrachos e indigentes. Lo peor de todo fue que me recomendaron que volviera a casa, que le pidiera perdón a mi marido y que intentara reconducir la situación. Ni siquiera dormí aquella noche en el Refugio. Y, de pronto, me vi de nuevo en las escaleras, delante de la puerta de mi casa, obligada a pedir perdón por algo que no había hecho», relató. Divorcio Ese infierno terminó unos años más tarde, con el divorcio. Hoy, no duda sobre el mejor consejo. «Que las maltratadas denuncien, que nadie les diga que espere, que no intenten convencerlas de que las cosas pueden ir a mejor. Que se asesoren y presenten la denuncia y que lo hagan cuanto antes. Les irá mejor», dice esta víctima hoy recuperada.