Entrevista | Francisco Suárez Llanos El responsable del tráfico naval en el litoral coruñés aterriza en su despacho con el deseo de tener un mandato más tranquilo que su antecesor
27 may 2004 . Actualizado a las 07:00 h.Lleva apenas 48 horas en su nuevo despacho y las blancas paredes de la sala de la segunda planta del edificio de la Capitanía Marítima todavía no reflejan ningún toque personal. Francisco Suárez Llanos (Ferrol, 20-9-1948) emplea sus primeras horas en el nuevo cargo realizando visitas institucionales para poner a punto uno de sus grandes retos, la máxima coordinación de todos los esfuerzos a la hora de fomentar la seguridad en el mar. El hombre elegido por Zapatero para suceder a Serafín Díaz pretende olvidar el pasado más reciente. «Yo sólo pretendo cumplir lo mejor posible las órdenes del director general de la Marina Mercante», afirma. -Sus antecesores tuvieron la mala suerte de tener que lidiar con el «Prestige». -Sí. La mar es un elemento muy hostil. Y A Coruña, por la zona climatológica en la que se encuentra, sabe bien que cuando las olas se levantan, la situación se vuelve impredecible. Y más en un punto por el que discurren 45.000 barcos al año, 12.000 de ellos cargados con materiales peligrosos. -¿Qué hubiera hecho usted con un petrolero «herido» a la deriva? -No me gusta hablar del pasado, yo estoy aquí para cumplir con otras órdenes. Pero yo, que he estado muchos años en altamar, sí le puedo decir una cosa. Cualquier barco que se encuentre con un temporal de grandes dimensiones y se le abra un boquete de treinta metros de diámetro está perdido. Y da igual que lo metas en A Coruña, en Corcubión, en Vigo o en el fin del mundo. -¿Qué se puede hacer en esos casos? -Nuestra misión es apostar por la seguridad, es decir, por medidas preventivas. Si el siniestro ocurre, lo único que queda es aplicar las medidas paliativas cuanto antes. -¿Tiene Galicia los medios suficientes? -Si contamos con todo lo que hay en servicio y lo que se va a construir o se está construyendo, sinceramente creo que sí. Se ha alejado además el corredor de tráfico marítimo y se ha ordenado separar la navegación de los buques con cargas peligrosas de los mercantes convencionales. También es importante la mejora en el control electrónico de las embarcaciones.