Análisis | El saqueo impune de O Burgo Los sucesivos intentos para eliminar el marisqueo ilegal han fracasado y la ría coruñesa está en peligro. También está amenazada la integridad física de los vigilantes
05 jun 2004 . Actualizado a las 07:00 h.El furtivismo en O Burgo ha vuelto al primer plano de la actualidad. Es un problema enquistado, recurrente, que amenaza con esquilmar la riqueza de la ría coruñesa y, además, con provocar alguna situación de violencia con consecuencias fatales. Pero, ¿por qué no se ha logrado erradicar esta actividad? La Delegación de Pesca impulsó hace dos años la constitución de una mesa de trabajo para eliminar el furtivismo. Se convocó al Ayuntamiento, la Demarcación de Costas, la Cofradía de Pescadores y las fuerzas de seguridad. Poco se ha avanzado desde entonces. 2 Un problema con fondo social. Nadie duda ya de que el 95% de los ilegales son personas que viven en el poblado chabolista de A Pasaxe. Si desapareciera el asentamiento, empezaría el fin del furtivismo. Pero el Ayuntamiento no encuentra facilidades para eliminar el núcleo de infraviviendas. Sus habitantes pertenecen en su mayoría a un mundo marginal y no colaboran con las propuestas de integración. 3 Abrir la mano, una solución fallida. Pesca y la cofradía intentaron controlar a los infractores concediendo el deseado permex (el carné oficial de mariscador) a numerosos habitantes del poblado. Se esperaba que, al menos, así respetasen las vedas y la talla mínima de la almeja. Pero el intento fracasó. Aun con el permiso, se saltan las normas y bajan a la ría, con sus hijos y otros familiares, cuando lo necesitan como fuente de ingresos. 4 Falta de medios y de autoridad. A ello se une una alarmante falta de medios para la vigilancia. Un único guardapesca, apoyado por agentes de la policía autonómica, resulta insuficiente para luchar contra decenas de furtivos que, en muchos casos, poco o nada tienen que perder. La sensación de impunidad también es sonrojante. La actividad no está tipificada como delito, sólo puede castigarse con una sanción administrativa, y parece que las multas apenas hacen daño. Algo parecido ocurre con los percebeiros que desafían al mar en O Portiño, en los bajos del Millennium o en la Torre. 5 La consecuencia: O Burgo es una bomba de relojería. Los efectos de esta situación sobre el banco marisquero pueden ser irreversibles. De momento, la cofradía no puede aplicar sus planes de regeneración de la almeja y el berberecho. Y, en el plano del orden público, la ría se está convirtiendo en un polvorín. Los ilegales se envalentonan por momentos, se ocultan con capuchas, actúan de noche, amenazan a los vigilantes, les lanzan piedras... ¿Hasta cuándo? ¿Quién asumirá la responsabilidad si ocurre una desgracia?