HERCULÍNEAS | O |
08 jun 2004 . Actualizado a las 07:00 h.CADA DÍA hay decenas de espectáculos, especialmente llamativos en las largas jornadas de este mes de junio. La lonja del puerto coruñés es un bullicio de gentes cada madrugada, hasta que abre sus puertas al sol, a esos amaneceres que pintan de rojo la ciudad. Cada vez son más los que descubren que durante este mes compensa perder un tiempo yendo hasta O Portiño, o más allá, al monte San Pedro, al embarcadero de Santa Cristina... para ver las puestas de sol. En esos momentos de lusco e fusco hay días en los que es posible ver que las olas se esconden, desaparecen, antes de llegar al dique de Abrigo, un lugar por el que a medianoche pasan en fila, como luces de la Santa Compaña, los pesqueros que salen a faenar. A veces los espectáculos están ante los ojos del alma. Hace días una compañera de trabajo vino a decir que se casaba. Si la felicidad se labra en ese diamante en bruto que es la vida, en sus ojos había tantos quilates que deslumbraban. En la última década ella ha protagonizado algunos de esos espectáculos ocultos: cuando le mira a él es muy fácil ver el amor en sus ojos. Para ellos, tan cinéfilos, el mejor deseo es que se cumpla una versión de la célebre cita de Escarlata O'Hara: A Dios pongo por testigo que jamás... se acabará este amor.