HERCULÍNEAS | O |
24 ago 2004 . Actualizado a las 07:00 h.RIÁMONOS un rato de las ocurrencias de los políticos, algunos de los cuales posee esa extraña capacidad de decir una cosa y desdecirse a continuación sin que se les caiga la cara de vergüenza, por no hablar ya de esa palabra que la Real Academia está pensando en retirar de su ilustre diccionario por falta de uso. Me refiero, claro, a dimisión. Viene esto a cuento porque veo cómo a un grupo de entusiastas vecinos se les ocurre convocar una manifestación en defensa del puerto exterior, obra que, a juicio de todo el que opina en la ciudad, es clave para el futuro de la misma. Y, de repente, esa supuesta unanimidad se resquebraja porque los unos acusan a los otros de no se qué intereses ocultos de índole conspirativa. Valgan estas líneas para mostrar mi desconcierto. Por una vez, valdría la pena cerrar filas y, en vez de estar tirando chinitas del tipo «yo quiero a la ciudad más que tú y la defiendo más», ir juntos de la mano a protestar donde sea necesario para no perder el tren del progreso. Quizá para conseguirlo haya que comprar cinco toneladas de caramelos y hacer una batalla, como la naval o la de flores, para movilizarse. francisco.espineira@lavoz.es