HERCULÍNEAS | O |
01 sep 2004 . Actualizado a las 07:00 h.Y NO en Dinamarca precisamente, sino aquí, mucho más cerca, al pie del monte de Bens. Es echarte a la calle y un cheiro demoledor te asalta las narices. No puedes verlo por ningún lado, pero ya no puedes quitártelo de encima. Es casi tan pesado como el presentador de algún programa de telebasura que se forra sacando a gente del armario a empujones. Ese detestable aroma tiene denominación de origen propia. No viene de allende los mares, aunque tiene mucho que ver con los vientos. Los políticos preguntan y no paran, y el Ayuntamiento se queda sin soluciones. Hay días, como ayer, en los que es mejor salir a la calle con un vaporizador. Ayer no disimulaba esa pesadilla en forma de pestazo ni el olor a contaminación que cada 1 de septiembre, fiel a su cita en el calendario, nos devuelve a la dura realidad del fin del verano y sirve de retorno a una realidad menos ociosa que la propia del estío. Cómo serán las cosas, que incluso echo de menos un poco de esa lluvia purificadora que ha sido tan pertinaz en agosto. Por lo menos, esos chorros caídos del cielo sirven para limpiar ese ambiente que amenaza con convertirse en un incómodo vecino más. francisco.espineira@lavoz.es