HERCULÍNEAS | O |
04 oct 2004 . Actualizado a las 07:00 h.SER DE (L)Os Castros curte. Será el aire que te despierta cuando giras la esquina del Mirador o la carbonilla que durante años hemos tenido que respirar todos los coruñeses cada vez que un barco cuya tripulación tenía prisa descargara a todo trapo lo que llevaba en las bodegas. Ahora le ha tocado el turno al carbón otra vez. Ni el fantástico proyecto de la Medusa -que acabará siendo un carísimo auditorio si de una vez por todas se convierte en realidad la eterna promesa del puerto exterior- ni los más artesanales medios del riego con agua de las montañas negras sirven para librarnos de la pesadilla de la contaminación. Al final, el problema es mucho más sencillo. Como quiera que el petróleo está por las nubes, los que tienen que transportar el carbón aseguran que no les compensa. Que quieren más dinero, vaya. Así, las pagamos una vez más todos los residentes en las inmediaciones de las instalaciones portuarias de San Diego, cuyo centro más visitado, por cierto, reúne a miles de vecinos a diario. Conflictos como el del carbón exigen rápidas soluciones. Os Castros quiere ser un barrio de primera. Y ellos seguro que serán los que más aplaudirán el puerto exterior. francisco.espineira@lavoz.es