HERCULÍNEAS | O |
23 nov 2004 . Actualizado a las 06:00 h.SU FRASE aún retumba en mi cabeza. Me lo dijo una de esas mujeres que vale más por lo que calla que por lo que cuenta. «En esta ciudad, a la que empieza el otoño, o das una conferencia o te la dan», me soltó mientras plegaba su carpeta para dirigirse a una de esas citas inexcusables que abarrotaban cada renglón de su agenda. Me lo dijo con tristeza. Casi con resignación. Y a fe que la entiendo. Porque el enunciado de alguna de las charlas bien recuerda a uno de esos temas ladrillo de los que a todos nos apasiona hablar. Las he visto de todos los tipos. Desde la incidencia del puerto exterior en la evolución del tráfico de contenedores hasta el impacto de la lluvia ácida en los países del tercer mundo. Incluso he visto elevar al rango de debate la construcción de alguna obra pública en algún barrio de la ciudad donde primero se protestaba porque no se hacía y, a las pocas semanas, porque sí. Por eso, emociona ver como en un marasmo así de charlas y charletas aún hay palabras capaces de atraer la atención de quienes quieren un mundo más solidario. Por eso, deseo toda la suerte del mundo a Somaly Man. Ella sí ha visto la cara más amarga de la vida a través de la explotación sexual de menores. Y no alguna de esas famosillas cutres de las 625 líneas. francisco.espineira@lavoz.es