HERCULÍNEAS | O |
29 nov 2004 . Actualizado a las 06:00 h.HABLÉ con una gran mujer. hablé con Somaly Mam, premio Príncipe de Asturias de cooperación Internacional. Hablé con la camboyana que, desde su niñez, ahora tiene treinta y cuatro años, sufrió en su carne los horrores de la trata de blancas en un país anacrónico como el mío: corrupción, ausencia de equidad, cosificación de la mujer y campo libre a los peces gordos que, por sus negocios, ¿qué negocios?, roban vilmente el alma a las niñas y son listos para apartar a quien sea de su camino. Mam vive un infierno. No sé cual es el mejor. El de antes o el de ahora. «Puedo desaparecer en cualquier momento», me dijo serena. «Pero no temo a la muerte. ¿Qué es la muerte? Yo ya estoy muerta». Todo empezó con un fallo del sistema. Su abuelo la vendió, al quedarse huérfana, por un puñado de dinero. A partir de ahí todo han sido secuelas. Una encima de la otra. Como capas de una cebolla. Son imborrables. «Soy Somaly de cara, mi cuerpo está destrozado». Uno comprende el sentido de su lucha, por qué arriesga su vida para salvar a estas niñas de estas prisiones que ayudamos a construir sólo porque nos atraen las tres eses: «Sea, Sun & Sex». ¿Todavía está usted preparando la maleta para ir a Camboya? victor.omgba@lavoz.es