HERCULÍNEAS | O |
30 nov 2004 . Actualizado a las 06:00 h.DE AQUÍ a diez años los que vivamos al oeste de la línea imaginaria que une Algeciras, Sevilla, Madrid, Zaragoza y Barcelona tendremos un mote. Como los habitantes del subdesarrollado Berlín Este, los ossies. Me quedó claro el pasado miércoles a primera hora de la mañana, café y cruasán a un lado, periódico al otro, mientras le echaba una ojeada al plan de los empresarios para regar interminables euros por todo el Este: autopistas, ferrocarril y hasta desaladoras. En medio, un muro invisible pero cortante como el de Berlín, el muro de la vergüenza. El otro lado del mapa, el nuestro, estaba vacío. Y en el córner de ese desierto de números rojos, A Coruña. La ciudad en la que no aterrizan los aviones, en la que los coches -a falta de circunvalaciones- van más lentos que los carruajes del siglo XIX, el lugar en el que el AVE se traviste en lanzadera, en la que los debates sobre un puerto duran más del tiempo que el que llevó construir el canal de Panamá, sólo puede despegar si el acelerador lo pisan Pedro Solbes y José Antonio Orza. O llega el dinero público -que por ahora sigue la ruta del Este marcada por los empresarios-, o A Coruña tiene poco futuro. juan.gomezaller@lavoz.es