«Chámanlle Gran Sol, pero eu o sol alí nunca o vin». Así resumen los marinos, con un golpe de ironía, la extrema dureza de su vida. Lo rubrica Andrés o dos Tabeiróns al contar las dificultades que encontraban para poder rasurarse cada mañana. «No Gran Sol -apunta-, para afeitarnos, tiñamos que aproveitar a auga da purga, o goteiro da maquinilla, porque non había outra auga». Son tipos duros «aqueles pescadores da Coruña». Pero no les faltan palabras hermosas para relatar sus aventuras y desventuras. Así pinta Mourelle un día de trabajo: «Íbamos á ardora, que consiste en localizar os bancos de sardiñas na escuridade, cando non hai luz da lúa, buscando onde arde o mar, onde brillan e saltan os peces». También habla Tito (Ricardo Dalmao Temprano) a pie de muelle, en la dársena de Oza, al caer el sol. Todos los barcos en los que navegó, recuerda con retranca, se llamaban «Costa de algo». Estuvo en el bacalao y hasta en Nueva York. Había infinidad de supersticiones. No se podía silbar o gritar en cubierta, aunque lo peor eran los paraguas. «Paraugas a bordo, morte do patrón ou do contramaestre», advertían los pesimistas. El libro fue presentado ayer por la tarde, en la sede de la Autoridad Portuaria, por los autores del volumen y por el presidente del Puerto de A Coruña, Guillermo Grandío, y el director xeral de Caixanova, Julio Fernández Gayoso, entidades que han patrocinado la publicación del texto.