Los coruñeses renovaron sus votos femeninos en una jornada estruendosa Tres niños que sufrieron quemaduras leves con pólvora fueron atendidos por los voluntarios de la Cruz Roja
09 feb 2005 . Actualizado a las 06:00 h.¿Qué es un choqueiro? Depende. Si se le pregunta a un vigués, responderá que un tipo natural de Redondela. Si esa misma cuestión se le plantea a esta pareja con aspecto guiri , esa que baja hacia la plaza de España sin perder de vista un plano de la ciudad, te replicará que es «un drag-queen en cutre». Pero si el que responde es un señor talludito que luce minifalda y pechos mamíferos, te explicará que ser choqueiro consiste en «ser un poco petarda por un día». Es martes de carnaval y A Coruña vive una jornada de lo más petarda, sí señor, incluso en el sentido más común del término: los tímpanos de los presentes sufren las continuas explosiones de pólvora. Ni la estatua de Porlier, dinamitada una y otra vez, se libra de la carga de la brigada ligera de choqueiros. Tres de los manipuladores de petardos reciben atención médica tras sufrir quemaduras leves: «Son chavales de poco más de diez años. No ha sido necesario trasladarlos, sólo les hicimos una cura. En fin, es lo típico de todos los años, y eso que esta vez parece que hay más gente que nunca», informa una portavoz de la Cruz Roja. Hay abarrote. «Ni para arriba ni para abajo. Aquí no hay quien se mueva», se queja una señora atrapada en el medio de la calle de la Torre. Al atasco colaboran las comparsas, que ascienden y descienden la vía para animar el cotarro. Del cotarro al catarro, al catarro que se va a pillar este choqueiro despendolado, que entra y sale del bar Romay y provoca la risa con su biquini rojo, su peluca rubia y sus blancos zapatos de tacón. «Es un auténtico choqueiro», elogia un CTV (Coruñés de Toda la Vida) que contempla la exhibición de barriga. Fran y Ronaldinho Hay disfraces menos graciosos, pero más trabajados, como el de ese grupo de hippies que incluye niños y padres, o el de aquella comuna de simpáticos pitufos que remolcan su casa-seta. Gusta el del barcelonista Ronaldinho, muy caricaturesco. El de Fran es perfecto, tanto que no es que ese señor vaya disfrazado, sino que es el mismísimo Francisco Javier González Pérez, O Neno , que lleva a una de sus nenas al hombro. La actualidad política tiene hueco. Vemos pactar a Mariano Rajoy y a Zapatero. Carod Rovira anda solo, quizá en busca de ZP. El republicano se cruza con un Fraga decrépito, pero ni se saludan. La tele también inspira: Os Tonechos rachan coa pana. De la pantalla de cine brota una espectacular Catwoman, ceñidísima. «¿Cómo se habrá metido en ese traje?», pregunta alguien. «Muy fácil. Porque es una heroína», le contestan.