En directo | Del instituto de Elviña al centro
17 feb 2005 . Actualizado a las 06:00 h.? los jóvenes, Kyoto les suena y mucho. Al menos, ayer se habló de ello en los corrillos de recreo del instituto de Elviña. Claro que para el centro la preocupación por el medio ambiente le viene de largo. Y no sólo de boquilla. Ayer, cuarenta jóvenes y cinco profesores, dentro del programa Voz Natura, dieron unos cuantos pasos más para intentar alcanzar el llamado desarrollo sostenible. «Un coche despide 180 gramos de CO2 por kilómetro», comentaba un muchacho. Por eso, a las diez de la mañana experimentaron transportes alternativos, bus, bici y, el coche de San Fernando, para desplazarse desde su insti hasta el centro. «La Agenda 21 marca unos indicadores comunes, nostros vamos a estudiar el de movilidad local y transporte de viajeros», explicaba la directora del instituto, Celsa Formoso. Para ello, el centro se ha valido del programa de educación medioambiental Voz Natura, iniciativa promovida por la Fundación Santiago Rey Fernández-Latorre y patocinada por la Consellería de Medio Ambiente, la Diputación Provincial de A Coruña, Caixa Galicia, Ence, El Corte Inglés y Agenda XXI. Por encuestas, saben ya en el centro que la mayoría de los chicos se mueven en coche particular (53%) o en autobús (36%), y mucho menos andando (7%) o en bici (0,5%). Pero el deseo sería otro: hasta un 22% quisiera poder hacerlo sobre dos ruedas. «No hay carril bici y es peligroso», opinó Óscar. Esperas Juan Carlos, David, Alberto, Jesús, Pablo y Jose (sin tilde) cogieron el 23-A. Un grupo aplicado. «Esto es más divertido que las clases», dijo Alberto. Pero no hubo demasiado tiempo para charlas de bus. Planilla en mano, los muchachos, todos de cuarto de ESO, iban demasiado atentos para apuntar desde la iluminación de los tramos, hasta los ruidos, las pintadas o el estado de limpieza o suciedad. «Mucho camión», resumieron en Salgado Torres. Y demasiada espera por el autobús. 22 minutos emplearon en cubrir el recorrido hasta la plaza de Orense. La mitad, en la parada. En un cuarto de hora, con 7 minutos de espera, llegaron los de la línea 5 y los más rápidos fueron los ciclistas. Barallobre, el poli local, abría trocha. Raquel, la profesora, los acompañó. Va y viene todos los días al instituto, su centro de trabajo, pedaleando. Desde Los Rosales. «Tardo de 15 a 20 minutos y el coche me estresa mucho más», argumentó. En poco más de doce minutos, el pelotón cubrió el trayecto. «Sentí un poco de miedo en las Pajaritas o en el viaducto de Alfonso Molina», se explicaba uno de los ciclistas. «Hay mucho tráfico y tenemos que hacer mucha conducción defensiva», argumentaba el cabeza de pelotón. Por ejemplo: la doble fila de Ramón y Cajal «nos dejó sin carril derecho, teníamos que ir por el medio». Tres cuartos de hora Más entretenido, porque también hubo más tiempo, resultó el camino para los que usaron los pies y respetaron todas las normas de tráfico. «Esperamos al verde en todos, todos los semáforos», se justificaba Zenaira por la tardanza. El cronómetro en la meta marcó 42 minutos para los que fueron por Cuatro Caminos y uno más para los de San Cristóbal. Jesús y Gonzalo, profesores de educación física, decidieron eximirlos de la clase. «Por hoy, habéis cumplido».