El «botellón» amenaza el recuerdo de Emilia Pardo Bazán

Carlos Fernández A CORUÑA

A CORUÑA

Historias de A Coruña | Un monumento en peligro La estatua consagrada a la escritora sufre cada fin de semana numerosos actos vandálicos y el Ayuntamiento prepara un plan de choque para preservar su dañada estructura

19 mar 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

Es el monumento que está más en peligro en los jardines de Méndez Núñez, debido al botellón que los fines de semana reúne a decenas de jóvenes al amparo de los árboles. Sin que se sepa muy bien el por qué, los vándalos la han tomado con la estatua de doña Emilia Pardo Bazán y la integridad de la figura pétrea está en peligro. De hecho, en los últimos tres años ha sufrido numerosos destrozos y el gobierno local prepara un plan de choque para proteger una estatua que goza de las simpatías y la curiosidad de todos los que pasean por los jardines de Méndez Núñez. El monumento de homenaje a la escritora y periodista fue inaugurado oficialmente una mañana del 15 de octubre de 1916. La construcción de la estatua fue una iniciativa puesta en marcha por una representación de la colonia coruñesa de Lugo y así figuraba en una inscripción labrada en su piedra. El monumento fue obra del escultor sevillano Lorenzo Coullaut Varela, padre de Federico Coullaut-Varela Mendigutía, que sería el autor de la polémica estatua ecuestre de Franco que durante muchos años, hasta hace bien poco, presidía la ferrolana plaza de España. Don Lorenzo, que falleció en 1932, sería también autor del monumento a Miguel de Cervantes, sito en la plaza de España de Madrid y que es una de las postales turísticas más conocidas de la capital española. Dedicatoria El monumento, con el fondo de una balconada, representaba a la ilustre escritora sentada, con una pluma en la mano derecha y un libro en la izquierda. A su pie, en bronce, figuraba una dedicatoria tan sencilla como explícita: «A la condesa de Pardo Bazán, sus contemporáneos». La estatua fue hecha con un material muy especial y llamativo, una especie de piedra azul procedente de Murcia. El día de la inauguración de la estatua hubo una procesión cívica, que saliendo de la plaza de María Pita se dirigió hasta los jardines. En ella iban las primeras autoridades, presididas por el alcalde Manuel Casás, al que acompañaba el primer teniente de alcalde y futuro ministro de la Segunda República Gerardo Abad Conde. El autor del monumento no pudo asistir, puesto que en aquellos momentos estaba terminando una escultura de Menéndez Pelayo para su inauguración a corto plazo. Se consideró lógico que no asistiese al acto la homenajeada.