HERCULÍNEAS | O |
18 abr 2005 . Actualizado a las 07:00 h.QUISO el fin de semana que me diera un paseo por las esencias del coruñesismo en un día gris, frío y lluvioso. El coche me llevó a Monte Alto, a una estrecha callejuela de las muchas que conectan la avenida de Hércules con la calle Santo Tomás. Creo que era Doctor Ferrant. La vista se me fue al suelo. Una mancha blanca captó mi atención. Un enorme corazón de tamaño dos por dos (metros, se entiende) teñía el oscurecido asfalto mojado. «Cachi, te quiero» era la sencilla leyenda que podía observarse alrededor frente a un vetusto portal. Esa estampa de ilusión me trajo al recuerdo el mural de declaraciones de amor que tiene Valencia en el canal de desagüe habilitado para evitar que el agua anegue la ciudad cada vez que caen más de cuatro gotas. Allí, hace apenas dos semanas, rivalizando con los atractivos del Museo de las Artes y las Ciencias, pude ver un reguero de declaraciones de amor a más de ochenta kilómetros por hora. De repente, bajo una de ellas, dedicada a una desconocida Elena, un exabrupto y una fecha marcaban el fin de lo que debió haber sido una gran pasión. Por eso, Cachi, recuerda que alguien te quiere bien. Ojalá que no tengan que borrarte esa bella declaración de amor. francisco.espineira@lavoz.es