HERCULÍNEAS | O |

23 abr 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

ME CUENTA la historia un amigo al que no le cabe el corazón en el pecho. Juro que es una historia basada en hechos reales. Tan reales como que ocurrieron el pasado jueves, a la intempestiva hora de las tres de la mañana. Llovía con fuerza sobre los tejados de Monte Alto. Con tanta fuerza que los endebles cimientos de una casa de la calle Veramar cedieron. Con el miedo en el cuerpo y las legañas en los ojos, los sorprendidos vecinos dejaron sus casas. En el colectivo de compañeros de brega de muchos años había una cara nueva, desconocida para muchos. Un treintañero desaliñado, con pinta de haber llegado no se sabe muy bien de dónde. «Tienes que desalojar», le dijeron. Hizo su maleta en tiempo récord. Se colocó el petate a la espalda y enganchó a su perro. Empezó entonces un largo peregrinar por la ciudad para encontrar cama. En todos, el mismo problema: «No se admiten animales». Dos horas y muchos noes después de buscar alojamiento, el joven y su can, un animal tan corpulento como pacífico, al chico se le ocurrió ir a dormir con un amigo. «Sólo necesito seis euros», se atrevió a decir. Su humildad fue premiada con cuarenta. Y perro y dueño durmieron calientes. francisco.espineira@lavoz.es