Isabel, Isabel

P. BARROS

A CORUÑA

HERCULÍNEAS | O |

25 abr 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

UNA ARTISTA, como la copla de un pino. Isabel Pantoja derrochó arte en el Palacio de la Ópera. Ni la deficiente iluminación, ni el mejorable sonido, ni la ausencia de elementos decorativos en el escenario, ni la discreta orquesta moldava que la acompaña en la gira restaron brillo a la tonadillera. No se metió al público en el bolsillo, porque las personas que casi llenaron el auditorio fueron predispuestas a tributarle sus mejores aplausos y vítores. Fueron aplaudidos sus tres cambios de vestuario y cada una de sus coplas. Entre pieza y pieza, no hubo silencios, sino gritos de ánimo y admiración que la Pantoja agradeció mientras aclaraba con sorbos de agua su poderosa voz. La comunión total artista-público llegó al éxtasis tras Yo soy esa y Carmen Amaya , con el auditorio puesto en pie y coreando «Isabel, Isabel». Su Julián Muñoz siguió la actuación con atención, y ella le dedicó alguna discreta mirada cómplice. A pesar de la experiencia, se le cayó el micrófono y éste rodó sobre el escenario hasta caer ante la primera fila de espectadores. Una joven se lo devolvió, y ella siguió cantando como si nada. Fueron casi dos horas de copla que terminaron con Cinco farolas, y otra explosión de los entusiasmados admiradores. redac@lavoz.es