HERCULÍNEAS | O |
11 jun 2005 . Actualizado a las 07:00 h.«ES MEJR q lo djemos». Muchas relaciones se destruyen con la inestimable ayuda de un teléfono móvil, circunstancia lamentable para la salud de las cafeterías y para la esquina de Mango. Hasta hace poco, los novios como Dios manda rompían tomando un café, o dos, o tres, por ejemplo en el Universal, o en el Delicias, mientras el camarero miraba de reojo secando vasos con medio brazo remangado dentro del vidrio. Los bares vivían fundamentalmente de las vueltas que le dábamos a la cucharilla. Tendrán que renovarse (vendiendo tarjetas de móvil) o morir. Ésta es sólo una de las amenazas de las nuevas tecnologías, que molan un mazo cuando se usan bien, pero... Lo mismo pasa con los besos. Los reales. El beso real es como un águila real: está en peligro de extinción. Ahora los besos se envían por Internet o por sms y ya no saben a tabaco. Realmente, estos besos tecnológicos no saben a nada. Acaban convirtiéndose en unos b sos, en una be y un ese o ese; un ese o ese como el que dibujan los náufragos con hojas de palmera en la arena de la playa. Esos pobres náufragos que escuchan el motor de un avión y se ponen como locos a agitar los brazos. Menos ellos, todo el mundo sabe que nadie los va a rescatar. laureano.lopez@lavoz.es