En directo | De madrugada en el Orzán
24 jun 2005 . Actualizado a las 07:00 h.«Esto está lleno de chinorris», apunta Gonzalo, que fue chinorri hace dos telediarios, pero, ya lo dijo Al Pacino, «el reloj nunca se detiene». En el Orzán, frente al Cambalache, hay una marea humana de chinorris, que quiere decir adolescentes, en procesión hacia la arena. Algunos chinorris llegan detrás de sus papillas. Las papillas son como los potitos de bebé, pero no salen de un bote, salen de la boca. Primero llega la pota (sinónimo de papilla), y luego el adolescente, muchas veces aguantando el equilibrio sobre otro adolescente. A la una de la madrugada, la playa es un collage de papillas, camisetas Bershka, bolsas, botellas y lumeradas. Para Gonzalo, el Orzán tiene pinta de orzanato. «Parezco el abuelo, tío, y sólo tengo 26». Pero ni todos los adolescentes se dan a la bebida (hay muchos que sólo bailan, cantan, charlan y comen patatas y criollos) ni todo lo que se cuece en la arena -demasiadas hogueras regadas con gasolina- son menores. No lo son ya los del botellón de Rufino, naronés para más señas, que protege con su cuerpo una nevera repleta de cervezas: «Yo sólo digo una cosa. O asunto é pasalo ben, qué carallo». A las dos de la mañana, cuando el ron ha pasado a mejor vida, llega Rafa con nuevos suministros. «Menuda papa (borrachera) llevo». Rafa hace toda una declaración de intenciones y se enchufa otro copazo. «Oye, tú estudiaste en los Salesianos». Mich empieza a poner en práctica las mil y una formas de ligar. «Pues no, me parece que no, adiós». Sonríe, porque aún le quedan otras mil. Alguien se desploma sobre la arena y ya no se levanta. La arena, que no le ha hecho daño a nadie, se lleva todos los mamporros. Ana, camiseta de tirantes, escribe sus deseos en papeles de colores y los lanza sobre unas brasas. «¿Qué has pedido?». «Pues qué va a ser, que el próximo 24 de junio sea festivo. Y me voy para casa, que mañana tengo que currar. Trabajar sí que es un queme, una auténtica lumerada».