Coruñesa como yo

A CORUÑA

HERCULÍNEAS | O |

06 ago 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

EL MIÉRCOLES te vi. Estabas sentada en la terraza del mesón de Agustín, al comienzo de la calle de la Franja. A tus espaldas, unas navajas romas, de esas que fritas y con limón te hacen ver el cielo. Y los tentáculos de un pulpo que al poco tiempo acabó en un plato sobre tu mesa, para deleite de tu paladar y del de la media docena de hombretones fornidos y embutidos en unas camisetas negras a modo de uniforme que te rodeaban. Llevabas un jersey de punto, con rayas horizontales azules y blancas, de esos que estuvieron de moda hace algunos años, pero que a ti te siguen sentando igual de bien. Ocultabas tus ojos de la molesta neblina matinal tras unas gigantescas gafas de sol que reposaban sobre un tabique nasal digno de un anuncio de Corporación Dermoestética. Rebañabáis el plato, con su aceite de oliva virgen y su pimentón, con la misma gracia y arte con que lo haría yo. Arrancabáis la carne de las parrochitas con un estilo propio de quien devora pipas en un partido de fútbol. Te vi el miércoles y no eras esa diva que a veces se asoma a las páginas de las revistas del corazón para decir obviedades. Te vi y eras tan coruñesa, como yo. Ya no quedaba ni rastro de esa muchachita de Valladolid, querida Marta Sánchez. francisco.espineira@lavoz.es