A las tres de la tarde el fuego volvió a las cercanías de Pocomaco, O Portiño y Penamoa Los equipos de extinción trabajaron toda la noche para alejar el peligro del polígono
20 ago 2005 . Actualizado a las 07:00 h.?n desierto de ceniza y basuras quemadas. Ese es el aspecto que ayer presentaba la zona afectada, por el que entre miembros de Protección Civil de la comarca se conoce como «el incendio más monstruoso de Coruña». A las ocho de la mañana, grupos de vigilancia forestal de la Xunta, las cuadrillas de Cambre, Betanzos, Sada e Irixoa, veteranos que trabajaron toda la noche sin ser relevados, la cuadrilla helitransportada de Castromaior y los bomberos de Bergondo y A Coruña, entre otros, habían logrado arrinconar a las llamas en una pequeña zona alejada del polígono. El helicóptero lanzó agua sobre pequeños focos y sobre puntos inaccesibles a pie durante toda la mañana. Las llamas estaban controladas y casi extinguidas en su totalidad. Sin embargo, entre los hombres de los equipos de extinción y los vecinos de Vío nadie sonreía. Se temía que volviese el fuego. Además, los primeros estaban exhaustos y los segundos, enfadados. Alberto, que tiene una casa en la localidad, se negó a abandonarla cuando las llamas se acercaron a la misma. «Los policías fueron muy amables, pero les dije que yo no me movía de allí», relata. Mientras, cundía el desánimo y las quejas entre los equipos de extinción. «Es que es imposible trabajar bien con contratos de dos meses y medio y 600 euros de sueldo, faltan profesionales», se quejaba un veterano de Protección Civil con 20 años de trabajo a sus espaldas. Los equipos de lucha contra el fuego vigilaban la zona quemada para evitar que los focos se reavivasen. Por la tarde, también acudieron al kilómetro 16 de la AP-9, donde el fuego no obligó a cortar el tráfico Las imágenes del enorme frente de fuego, que de noche parecía que iba a engullir el polígono industrial se quedaron grabadas en la retina de muchos. «Parecía un mar de fuego», decía Rosa Sánchez, vecina de Feans. Otros se temieron que el fuego llegase a las naves. «A las diez y media, el fuego pasó de largo el pueblo de Vío y se acercó a la nave donde aparcan los camiones de Campsa, si llega allí vuela todo por los aires», aseguró Carlos Vázquez, un transportista. Mientras, la pila de neumáticos del desguace de los López, que el incendio arrasó, continuó en llamas. Seguía despidiendo un humo negro capaz, como aseguró un bombero, «de tumbar una vaca». Y cerca de las tres de la tarde, el viento volvió a levantarse, y ayer el fuego volvió a As Rañas, y a O Portiño, y a Penamoa. Los bomberos definieron lo que ocurría como «o de sempre e onde sempre», y volvieron al trabajo.