Las coquetas coruñesas

Carlos Fernández A CORUÑA

A CORUÑA

Francisco Mellado recorrió la ciudad y destacó el carisma y belleza de las vecinas

07 feb 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

Fue Francisco de Paula Mellado un prolífico escritor y viajero del siglo XIX. Quizás el más conocido de sus libros sea Recuerdos de un viaje por España , publicado en Madrid en tres volúmenes entre 1849 y 1851, del que destacan los capítulos dedicados a Galicia que editó, en 1987, la Librería Arenas de A Coruña. El itinerario gallego de Mellado había comenzado en Ribadeo, acompañado por sus amigos Mauricio y Canedo, visitando posteriormente Mondoñedo, Ferrol, Betanzos y A Coruña. Antes, definió a los gallegos como «laboriosos, constantes, honrados y valientes, lo que les convierte en los mejores soldados que se conocen, sobrios, sufridores, serios y discretos». Entre sus defectos anota «la venganza, la codicia, los celos y la inclinación a la bebida». Entre las anotaciones que hizo de la capital coruñesa hay una curiosa: «Inútil es decir que el viajero que guste del reposo y del trato fino de la culta sociedad, debe preferir en A Coruña las casas de 'la Ciudad' (Vieja) y huir de la Pescadería, donde no oirá hablar más que de facturas, letras de cambio, cacao, azúcar y de la entrada y salida de buques del puerto». Había definido antes a la Ciudad Vieja como «un conjunto de calles tortuosas y angostas, abundante en iglesias y conventos. Sus silenciosos barrios están habitados por las autoridades, el clero y la nobleza, cuyas casas blasonadas remontan su origen a lejanos tiempos». En cuanto a los templos de la ciudad, anotaría que sólo merece la pena la Colegiata de Santa María del Campo y la iglesia parroquial de Santiago. Después de visitar la torre de Hércules, apuntó que el principal paseo de la ciudad era el llamado de la Reunión (Cantón Grande), consistente en «una alameda compuesta de tres calles de árboles, con bancos de piedra». Visita, asimismo, el castillo de San Antón (del que destaca que sirvió de prisión a importantes personajes), el monte de Santa Margarita y el jardín de San Carlos, con la tumba de Moore. En cuanto al edificio de la Fábrica de Tabacos, que calificó de «grandioso», anotará que trabajaban en él 1.407 personas. Intrigas de amor Después de una breve síntesis de la historia de la ciudad, con las inevitables referencias a María Pita, Moore y Porlier, Mellado abandonó con sus amigos A Coruña. Lo hizo con pesar, sobre todo su amigo Mauricio, del que escribirá: «Cuatro días permanecimos en A Coruña y es indecible el trabajo que me costó decidir a Mauricio a dejar esta ciudad, que le agradaba en extremo, especialmente por sus bellas habitadoras, que en efecto son interesantes, aunque si hemos de dar crédito a la voz pública, un tanto coquetas. Ignoro si esta opinión es fundada. Sólo puedo decir que en los cuatro días de residencia, Mauricio dejó tres intrigas de amor pendientes; pero si esto probase algo contra las coruñesas, lo probaría igualmente contra todas las españolas, porque sabido es que en cuantas provincias habíamos recorrido, a mi amigo le sucedió otro tanto». Respecto al idioma gallego, anotó: «Es en extremo dulce y cariñoso, sobre todo en boca de una mujer». Posteriormente, Mellado y sus dos amigos se dirigieron al sur, visitando Santiago, Pontevedra y Vigo, abandonando la región por Ourense.