Barrio a barrio | Cuatro Caminos El corazón de la ciudad mantiene una actividad de servicios durante las 24 horas. La asociación de vecinos pide que se amplíe su centro cívico
18 abr 2007 . Actualizado a las 07:00 h.?a vida en Cuatro Caminos, corazón de la ciudad, late a todas horas con mayor o menor intensidad. Los latidos están marcados por los contrastes de un barrio donde se puede ver el rojo del amanecer desde la plaza de la Palloza al lado del negro luto de los que allí velan a sus muertos; se puede desayunar antes de ir al trabajo en Torre Esmeralda mientras en la mesa de al lado están los que apuran una larga noche de juerga; se puede estar con los marineros que toman una caña en el bar Arenal, antes de salir a faenar al filo de la medianoche, compartiendo barra con quienes ya terminaron la jornada o los que ironizan con el dueño del local, Manolo, sobre los resultados futbolísticos. Este veterano hostelero apunta que antes «venían más marineros porque embarcaban ahí en la Palloza, pero ahora con el traslado a Oza vienen bastantes menos». -Mire, ¿sabe dónde está Tráfico? Es una de las preguntas habituales durante la mañana en cualquier zona de Cuatro Caminos. La Jefatura Provincial de Tráfico es uno de los lugares más visitados, aunque a medida que va avanzando el día la afluencia se va desviando a otro local de al lado: la cervecería, una de las tres emblemáticas del barrio y donde se mantienen vivas historias como la de César Sanjosé, animador de estas calles hace una década con sus disfraces de choqueiro o su frase favorita con voz ronca: «Oiga joven, y perdone por lo de joven». Entre las citas matinales obligadas están los churros del Timón o de Bonilla. En las primeras horas de la tarde toca café en el Delicias, donde Carlos imparte clases gratuitas de afabilidad y buen hacer, siempre con una palabra amable, además de contar entrañables historias: Alguien le preguntó por la mujer que llevaba años durmiendo en un portal del otro lado de la calle; hace unos meses las olas del Orzán se la llevaron, pero antes «todos los días venía aquí a tomar algo caliente y siempre, siempre dejaba propina», cuenta Carlos. En el mismo local, Ramiro García Barros, dueño de La Favorita, lee el periódico al caer la tarde, conversa con alguien o recuerda aquellos casi ocho mil millones de pesetas repartidos en la refinería en 1985 cuando «se agotaron los abrigos de piel y los Mercedes». El despacho está cambiando de imagen y es que el barrio se va renovando, a veces de forma espectacular, como está ocurriendo con el solar de la Fábrica de Tabacos. Desde la asociación de vecinos de Cuatro Caminos también piden algunos cambios, entre ellos el del tráfico alrededor de la fuente de Cuatro Caminos «que no es nada fácil», reconoce Juan Iglesias, el presidente de la entidad. El asunto se complicará con las nuevas viviendas de la Fábrica de Tabacos. La ampliación del centro cívico es otra de sus primeras demandas, puesto que los 650 socios tienen 16 actividades, «todas las semanas movemos 360 personas», sostiene el presidente, y han de hacer malabarismos para pasar de una actividad a otra en el pequeño local que ocupan.