Entrevista | Juan Manuel Iglesias Mato CONCEJAL DESDE 1987 HASTA EL 2006 Talismán del vazquismo, el «alcalde» de la calle de la Torre seguirá «vigilante» todo lo que suceda en la ciudad
27 jun 2007 . Actualizado a las 07:00 h.?a entrevista se hace en el último día de actividad como concejal de Juan Manuel Iglesias Mato. La cita es en su despacho del cuartel de la Policía Local, en Miguel Servet, pero acaba trasladándose a la oficina del superintendente Antonio Alfeirán. Presume de campechano y mientras dura el encuentro con el protagonista, despacha las más variopintas peticiones de media docena de vecinos. Sonríe, gesticula, rememora. Una lágrima asoma por su mejilla cuando se hace la última foto bajo la puerta de entrada del cuartelillo del 092. Allí se despide del agente Segura. «Míralo que largo es y las que pasó para superar la prueba de natación. Se daba cada pechada... Pero acabó siendo el mejor», explica al fotógrafo. Así es Palau (Riego de Agua, 12-12-1946), el hombre que heredó el mote del nombre de una farmacia. -Yo me voy feliz, muy feliz, pero quiero que quede claro que no me retiro de la política. Seguiré de forma activa lo que ocurra en la ciudad y estaré muy vigilante sobre lo que pueda pasar con mi barrio y con La Coruña. Pero tampoco me voy triste. Son tantos años de recuerdos que es difícil pensar que mañana no vuelvo. Pero ahora tengo nuevas ilusiones por delante. Mi nieto Mateo, que nació hace pocas horas, la pesca, los amigos... Y la política seguirá estando siempre ahí. -¿De qué está orgulloso? -Parafraseando a Alfonso Guerra, lo que más me satisface es haber podido colaborar con el mejor alcalde que ha tenido esta ciudad, Paco, en la brutal transformación de la ciudad. Como diría Guerra, a esta ciudad ya no la conoce ni la madre que la parió. -¿Fue difícil? -El otro día fui a pescar junto a la cetárea, en San Roque, y me puse a mirar la bahía. La foto de mi infancia era la basura amontonada, los vertidos a la playa de la curtidora de pieles y del matadero,... Era la parte de atrás de la ciudad. Me quedé mirando y me dije: «Lo que hemos hecho». Creo que tengo derecho a sentirme orgulloso. De eso y de haber ayudado también a recuperar el orgullo de ser coruñés, porque cuando entramos estaba bloqueado Alvedro, no había universidad y muchos otros problemas que hacían que diera un cierto complejo decir que eras coruñés. -Pero usted pasará a la historia como el concejal de Fiestas por antonomasia. -Pero es que yo he hecho de todo en el Ayuntamiento. He pasado por un montón de concejalías y me voy orgulloso de considerarme amigo de todos los funcionarios y el personal que ha coincidido conmigo. Yo nunca he cerrado mi despacho. Ni siquiera he tenido llave. Mi despacho ha sido la calle y hablar con la gente mi mayor placer. En Fiestas es cierto que fui muy feliz, porque encontré un magnífico equipo de colaboradores y, sobre todo, el calor de mis convecinos. -¿Cómo ve el futuro político de la ciudad? -Debemos pedir a todos los partidos políticos un esfuerzo y que pongan en su proa el futuro de la ciudad, porque La Coruña es de todos. -¿Y al alcalde? -Es el heredero de un proyecto que sigue en pie y yo estoy convencido de que Javier Losada tiene el programa y el equipo más adecuado para conseguir que nuestra ciudad siga liderando Galicia y siendo un referente en toda España. Ese futuro es posible porque tenemos referentes como el Puerto, empresas como Inditex y muchos otros capaces de hacernos tener nuestro propio lugar en el mundo. -¿Con qué problema se marcha en la cabeza? -Me gustaría que Javier Losada fuera capaz de solucionar el problema del tráfico, aunque para eso necesitará tener la complicidad y la solidaridad del área metropolitana. -Sólo ha hablado de cosas buenas... -Creo que nunca podré olvidar el derrumbe del vertedero de Bens. Yo estaba con la familia en Santa Cruz y tenía una pierna escayolada. Me llamó la secretaria de Paco y conduje a una velocidad que era para haberme matado. Llegué y vi al alcalde destrozado. Pero me maravilló su reacción, ordenando el rápido realojo en pabellones de los afectados y empezando a pergeñar el futuro de la ciudad. Cada vez que veo el parque, que está precioso, por cierto, no puedo evitar recordar aquellos amargos días.