28 jul 2007 . Actualizado a las 02:22 h.
La razón no hay que buscarla en los tardíos calores de julio ni en las innovadoras políticas sociales de ZP o Touriño. La razón de que en Ourense los enterradores estén en su casa a la espera de cadáveres está en esa gran enciclopedia de la vida que es el refranero: «El muerto al hoyo y el vivo al bollo». Los vivos funcionarios de As Burgas, con el plácet del PSOE, ocuparán su horario en la piscina, en el tute o en el culebrón de la tele esperando el momento de llevarse el muerto a la tumba. De paso, le pondrán una vela al Santo Cristo para pedirle larga vida a los ourensanos. En ello les va su remunerado descanso.