La calle Gambrinus es el eje sobre el que se vertebra una amplia zona que tiene desde talleres a un hotel o el mercado de frutas
03 nov 2007 . Actualizado a las 02:00 h.No es un mercado oriental ni tiene el encanto de Camden Town, pero en A Grela se puede encontrar de todo a poco que uno se lo proponga.
El primer golpe de olfato puede ser demoledor. Los humos de una fábrica de cerveza anegan el polígono hasta que el viento, generalmente el del Sur, trae los restos de las harinas cárnicas de otros puntos. Tampoco ayudan a perfumar el ambiente los transportes de ganado o verduras. Y el aluvión de humo provocado por la alta densidad de tráfico a veces llega a cegar la visión.
Pero los ejes principales a través de los que se organiza el polígono, las calles Severo Ochoa, Gambrinus y Galileo Galilei, fundamentalmente, son el mapa de la más variopinta oferta del polígono. Un hotel con un edificio de oficinas en el que se agolpan decenas de empresas es el nuevo centro social. Allí se reúnen representantes comerciales, empresarios y visitantes varios a modo de punto de encuentro.
Un vistazo alrededor marca el camino a seguir. A un lado, la fábrica de cervezas, al fondo talleres de coches de marcas de todo tipo. En el otro extremo, tiendas de cocinas, muebles y hasta estudios de decoración. Mobiliario, fontanería, tiendas de deportes y hasta un estudio de televisión completan, de forma sucinta, el capítulo de la oferta.
La demanda
En el otro extremo de la balanza está la demanda. El creciente carácter comercial de A Grela provoca que cada día crezca el número de coches que se acercan al polígono. «Aquí puedes encontrar de todo y ya viene gente no sólo de toda la comarca, sino de toda la provincia e incluso de más allá», afirma un empresario.
Ello se traduce en una circulación caótica, otra de las señas de identidad. Se improvisan los estacionamientos y cruzar el parque industrial a determinadas horas se convierte en una misión digna de un intrépido aventurero. Sonidos de claxon y maniobras de todo tipo se apoderan entonces de las concurridas calzadas de la zona. «Necesitaríamos unas cuatro mil plazas de aparcamiento para atender todas las necesidades de estacionamiento», confiesa Alfonso Rico. Esa cifra parece corta a algunas horas. Mar Barcón, la concejala de Urbanismo del Ayuntamiento, destaca que A Grela «es el mejor escaparate de la variedad del tejido productivo de la ciudad». Para ella, el sector servicios «se ha revelado como una apuesta sólida, porque son más difíciles de deslocalizar y se han acabado convirtiendo en la gran fortaleza de la ciudad».
Además, la evolución del tejido industrial ha permitido apostar por nuevas líneas de producción. «La aportación de la Universidad y el potencial humano han capitaneado la transformación, con empresas que son cada vez más limpias y ligeras, donde lo importante es el conocimiento y el valor añadido».
Pero mientras la tercera ronda no sea más que un trazo sobre el papel, el tráfico seguirá siendo el quebradero de cada día para los usuarios del polígono.
¿Y las viviendas? ¿Llegarán a ocupar las parcelas ahora industriales? Mar Barcón cree que A Grela nunca será residencial, pero algunos aseguran que ya hay gente viviendo en el polígono «y con todas las licencias en regla, porque el PGOM ya refleja licencias para construir hasta un máximo de tres alturas».