Cementerios de coches en la ciudad

A CORUÑA

Un paseo por A Coruña deja entrever constantes muestras de un mismo problema: vehículos en avanzado estado de deterioro que, pasados los meses, no se retiran

04 feb 2008 . Actualizado a las 15:27 h.

A Coruña | Existe una gran discusión sobre su origen, pero no sobre el lamentable efecto estético que generan. Unos sostiene que llegan robados, otros que son los propios dueños que se deshacen de ellos, abandonándolos, pero todos coinciden en el que el panorama de coches deteriorados, diseminados a lo largo de la ciudad, es algo a erradicar totalmente.

«Estamos cheos de chamar ao Concello por este tema», comenta Jose Ríos, un vecino del Birloque, que ve cómo el aparcamiento del polideportivo de su barrio se ha convertido en un improvisado lugar de abandono de vehículos. Según él, «rouban os coches e, logo, os desmontan aquí polas noites: un día lle quitan as rodas, outro os asentos e adeus. Ninguén di nada».

Actualmente, una vieja furgoneta Iveco de color blanca sin defensas, un Opel Corsa granate carente de faros y con ropa en su interior, y un Renault 11 gris sin cristales, sin ruedas y con los retrovisores reventados conviven con automóviles en perfecto estado. «Levan aí, xa fai mais de tres meses, e non é a primeira vez», denuncia el vecino que asegura que, en ocasiones, hay indigentes que duermen en ellos.

Las mismas quejas afloran en el polígono de La Grela. En la avenida Severo Ochoa, un Peugeot 405 apenas conserva su chapa. Ni faros, ni ruedas, ni puertilla del depósito de gasolina. A su alrededor, un rosario de piezas. En el interior, restos de comida y ropa. «Xa tivemos un Land Rover case un ano aquí tirado ?comenta un trabajador de una de las naves de la zona?.Agora este debe levar polo menos seis meses. A xente pasa, e mira si lle val algunha peza. Xa non lle queda nada. A ver si o levan dunha vez».

Anónimos

Esta familiaridad con los coches sin dueño, se pierde en los núcleos más urbanos y anónimos. A lo largo del tramo de la ronda de Outeiro que va desde Peruleiro hasta los Rosales, por ejemplo, se encuentra un Opel Kadett rojo y un Fiat Uno granate. El primero aún está en la primera fase de abandono (conserva las ruedas, los faros, la matrícula y las lunas), mientras que el segundo, a falta de ruedas, se erige sobre piedras. Pero nadie sabe su historia. «La verdad es que nunca me había fijado», comenta Viviana Muñiz, que reside en la ciudad escolar y pasa caminando a diario por la zona. Ello no quita que su exigencia se repita: «Los tienen que retirar».