Raphael retorna a sus orígenes

Carlos Fernández

A CORUÑA

En su primera visita a la ciudad actuó en El Seijal y se alojó en el hotel Embajador, situado en el mismo edificio que el Colón, donde cantará el miércoles y el jueves

13 abr 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

La próxima actuación de Raphael, el miércoles y el jueves, en el Teatro Colón trae a la memoria de muchos coruñeses su primera visita a nuestra ciudad en el verano de 1967 para actuar en el parque pista de El Seijal, en San Pedro de Nós, regida por el animoso empresario herculino Carlos Lafuente, que traía en aquel tiempo a los cantantes y conjuntos musicales más en candelero.

Con motivo de esta actuación de Raphael, fue objeto de una muy extensa entrevista (a cinco columnas en formato sábana) en La Voz por su redactor jefe Orestes Vara, que la titulaba de forma original: «Conversación con un chico que se come las uñas».

El cantante, que actuó en El Seijal el sábado 2 y el domingo 3 de agosto, se alojó en el Hotel Embajador (hoy sede de la Diputación). La secretaria del cantante, la francesa Dominique Ducret, le había concretado: «Le recibirá a las seis en punto de la tarde».

Tras las fotos de Alberto Martí (Raphael insistió en que quería salir con un sombrero veraniego blanco con cinto negro), la entrevista comenzó con una pregunta tradicional: «¿Por qué la h intercalada en su nombre?», a lo que respondió el ya divo de la canción: «Cuando empecé, grabé un disco con la casa Phillips y aproveché la h para añadírsela a mi nombre y hacerlo más largo, pero yo soy español por los cuatro costados. El exotismo patronímico ni me ayudó ni me perjudicó. Lo importante es la persona».

Tras manifestar que siempre viaja con su manager Paco Gordillo, su secretaria francesa y su grupo musical, apunta:

-Estoy ahora mismo situado en el segundo peldaño de una escalera que tiene veinte. Soy muy ambicioso. Y a él llegaré, entenderé que he llegado cuando dentro de treinta años un periodista venga a hacerme una interviú con el mismo interés con que hoy me la hace usted.

El cantante no cree estar todavía en lo más alto:

-Soy humilde y me fijo en mí mismo todos los días. Artísticamente descubro que el público me quiere mucho, y así es que todos los días me pongo nervioso porque siempre hay que hacerlo lo mejor posible.

No le molestan las imitaciones que ya habían comenzado a hacerse de él:

-Al revés, yo les estoy agradecido porque supongo si que alguien que me imita es porque me admira.

Apunta que tiene ya cien clubs Raphael en España y más en el extranjero, añadiendo: «Lo que pasa es que las chicas se quejan de que no pueden verme personalmente y aprovechan estos colectivos para escribirme y mantener correspondencia conmigo».

El cantante no admite la crítica destructiva y sobre todo «la de quienes no tienen preparación para hacerlo, acaso por su edad o por falta de conocimientos musicales».

Tras señalar que su mayor orgullo fue representar a España en el Festival de Eurovisión, apunta:

-Mi mayor ambición sería el ser un papá joven, compatible con mi carrera, y que el público siempre me viera con buenos ojos. De todas maneras, todavía no tengo novia.

Respecto a si le complace la admiración masculina, señala:

-Lo interesante son que gusten tus canciones a hombres y a mujeres, así como a los niños, los ancianos y hasta los perros.

Sobre sus actuaciones en los escenarios, con los cambios de chaqueta y juegos de manos, aclara que «soy el mismo de siempre. Hago las mismas cosas con la chaqueta y con las manos, eso sí, con cuatro años de evolución, con más tablas, muchos viajes y mucho mundo».

Finalmente le pregunta Orestes en qué momento de su vida percibió que valía para la canción, respondiendo:

-Fue la primera vez que vi que alguien se puso en pie en una butaca. Y pensé que si había conseguido poner en pie a una persona, ¿por qué no iba a hacerlo con diez o treinta?

Al final de la entrevista interviene la secretaría Dominique Durret, que define a Raphael como «un chico normal, muy sencillo y con una cosa muy rara a su edad: que nunca se pone en plan vedette ».

Sobre sus defectos, destaca que se come las uñas, añadiendo: «A ver si cuando lea esto hace efecto y deja de comérselas, porque yo todavía no lo he conseguido».