«La explosiones en el solar de la Fabrica de Tabacos son constantes y hacen temblar a todos los edificios de la zona. Cuando hace viento, el polvo que se levanta es horrible», dice Gloria Yánez, de la floristería Moira. Cansada de soportar esta situación, decidió recoger firmas entre los vecinos y comerciantes de Cuatro Caminos. Al final fueron 302 las que se entregaron en el Ayuntamiento.
«Deberían regar la montaña de tierra que tienen ahí, pero no lo hacen. Solo cuando vino la policía, pero con una pequeña manguera, parecía una broma», continúa Gloria. Los comerciantes tienen que tener siempre la puertas de sus negocios cerradas para que no entre el polvo, «aún así entra, y las plantas sufren muchísimo, las quema». Harta de no obtener respuesta del Ayuntamiento, decidió pasar a la acción: «Me harté de llamar al 010 y lo que me venían a decir, con buenas palabras, era que me aguantase». Ella no está de acuerdo. «No me parece normal que en cada explosión tiemble todo el edificio. Cada diez días tengo que cambiar las bombillas fundidas».
A pocos metros, Mari Carmen Seoane regenta un estanco. El local es muy pequeño, y el ventanuco a través del que atiende a sus clientes minúsculo, aún así se nota en su cara que está pasando una auténtica tortura. En tan reducido espacio, los paquetes de tabaco se apilan casi hasta el techo. Señalando uno de las baldas más elevadas dice: «Esos cartones de tabaco han llegado a caer de su estante por la potencia de las explosiones». Asegura que no es un problema exclusivo de los edificios más próximos a la obra: «Una clienta que vive en las torres de San Diego me dice que su casa también tiembla».
Futuro
Pero no todos piensan lo mismo. La situación es incómoda, pero para Elisa, de calzados Tony, merece la pena soportarla. Ella es, posiblemente, la que más motivos tiene para quejarse, ya que durante el derribo de un muro, los obreros se llevaron por delante parte de una pared de su negocio. Elisa le quita hierro al asunto: «No fue para tanto y vinieron muy rápido a arreglarlo. No me quejo». El futuro del negocio es el motivo de tanto estoicismo: «Va a venir mucha gente a vivir a estas casas y eso implica nuevos clientes. Las obras son molestas, pero son para mejorar», y termina recordando: «Yo no firmé el escrito de protesta, aquí no vino nadie a pedírmelo».