La tapa más buena lleva una navaja

Laura Queijeiro

A CORUÑA

Enrique Vázquez, el chef del restaurante Carbonada, ganó el premio Picadillo

13 ago 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

¿Tú lo tienes ahora más claro?», preguntaba la vicepresidenta de la Asociación Provincial de Empresarios de Hostelería, Inés Cabeza, a la concejala del PP en el Ayuntamiento de A Coruña, Carmen Hervada, nada más salir del restaurante Carbonada, situado en los aledaños del estadio de Riazor. Era el séptimo establecimiento que pisaba el jurado del concurso de tapas Picadillo y, por tanto, tan solo quedaban dos degustaciones para la elección del ganador. El reloj marcaba las dos del mediodía, pero la caravana del tapeo ya llevaba tres horas funcionando.

Todo comenzó en la Casa del Sol, a las 11 horas, cuando el microbús que transportaba a miembros del jurado, reporteros gráficos y periodistas hizo su primera parada en el Acuario. Como no podía ser de otra manera, el restaurante de la Casa de los Peces deleitó a los siete miembros del jurado con una tapa en la que su ingrediente base era el pescado. En una mesa redonda y con el mar como telón de fondo, el comité cató el Marmitaco de bonito , una tapa que Teo Triana -chef del restaurante- ofrece habitualmente a los visitantes. No hubo tiempo casi ni para saborearlo, porque la contrarreloj de la mañana indicaba que había que partir al siguiente destino: Cúrcuma. Un arroz con setas «muy bien presentado» hizo que el jurado galardonase al local con una mención especial en el veredicto final. «Era un sitio muy agradable y la presentación, exquisita», comentaba Silvia Longueira, concejala de Servicios Sociales, en el trayecto hacia el tercer local de tapas.

El microbús dejó esta vez a la expedición en la Ciudad Vieja. El Café Momo, conocido por muchos como el «rey de las tortillas», buscó por todos los medios conquistar el paladar del jurado con una tortilla de grelos y gambas. «Esto va a ser difícil de superar», manifestaban algunos de los miembros del jurado nada más abandonar el local. Al final no ganó, pero se llevó, como el Cúrcuma, otra mención.

Si la zona vieja es una de las habituales de tapeo de los coruñeses, la calle de La Barrera es el epicentro. Allí, Casa San Andrés y sus albóndigas caseras marcaron la cuarta parada del itinerario. «Las tapas que hemos probado son las típicas en la ciudad. Es un picoteo muy tradicional», comentaba Ana Gago, la cocinera del Casa Pardo. Ni los champiñones y el pulpo del Copacabana, en Méndez Núñez, ni los meteoritos del Gravity fueron capaces de superar a un jurado que, ya con el estómago lleno de tapas y comidas, buscaba algo que combinase lo creativo y lo tradicional.

Eso fue precisamente lo que hizo el restaurante Carbonada, que, con sus navajas y su panceta ibérica, se llevó todos los elogios del jurado. El plato se hizo esperar, pero el amable trato del personal logró que los miembros del jurado se sintiesen como en su propia casa. En la cocina, trabajando a cien por hora se encontraba Enrique Vázquez, el cocinero del establecimiento. Finalmente, tras cinco minutos ultimando detalles, el chef salió de la cocina y explicó a los comensales la receta del éxito: «Intento mezclar el sabor del mar con el de la panceta. Los frutos secos aportan al plato un toque crujiente», comentaba orgulloso Enrique Vázquez, galardonado hace tan solo una semana con el premio de postres Doña Emilia por el sabor tradicional de su elaboración. «Este es el plato que tiene un mayor toque gallego», comentaba Ana Gago en la mesa, mientras que López Rico, el concejal de Rehabilitación Urbana e Vivenda, felicitaba al personal del local. El cocinero todavía no lo sabía, pero ya había conquistado el estómago y el paladar de todos los integrantes del jurado. Hoy seguro que ya lo sabe.