Forman parte de cuatro generaciones de componentes de la centenaria coral que actuaron con artistas como Alfredo Kraus o Ángeles Gulín
31 ago 2008 . Actualizado a las 02:00 h.Aquel día había ópera en el teatro Colón, Doña Francisquita y La rosa del azafrán. Entre los músicos, tocando el trombón de varas, estaba Ramón Arias, mientras que su hijo Suso Arias era el cantante solista, y entre las voces de la coral El Eco se encontraban tres hijos del solista: Gabriel, Jesús y Mario, además de su yerno, Vicente Vázquez. Otra hija de Suso Arias, Lalas, tendría que haber estado también en el coro, pero estaba embarazada de su segunda hija, Susana, que decidió que era una buena fecha para nacer, aunque con ello impidiera que su madre pudiera ver a su otro hijo, de tres años, haciendo de figurante en La rosa del azafrán. Es una de las numerosas anécdotas que cuentan Lalas y Susana cuando repasan la historia de esta familia que llevan El Eco en el corazón. «El niño iba vestido de mielero y me lo vinieron a enseñar después de la función», recuerda Lalas, que acaba de darle un repaso a la información futbolística referida al Deportivo.
Su hija Susana atiende a los clientes del mesón La Gaviota, en las cercanías del cruce entre la ronda de Nelle y la avenida de Finisterre. El nombre del local tiene su toque artístico porque evoca la célebre obra de Chejov «que fue el primer papel que hizo mi hija, que no canta pero es actriz, y por eso se lo puse», explica. En este sentido bromea: «Desde muy pequeña en lugar de eso de 'mamá yo quiero ser cantante' ella decía siempre que quería ser actriz». Lleva nueve años en Madrid y en los próximos dos meses estará representando una obra en el teatro Lara.
Otra historia que recuerdan, entre risas, es el debut de Susana en una zarzuela, con solo siete años «y haciendo de niño». Fue en una representación de Madame Butterfly en la que el niño protagonista se puso enfermo y «me sacaron de la cama para hacer el papel», recuerda Susana, mientras su madre apunta que luego en las reseñas de la obra algunos críticos hablaban de «una niña muy ensayadita» cuando había ido de la cama al escenario.
Lalas, que actuó con figuras como Montserrat Caballé, recuerda los viajes para actuar en Vigo o en Oviedo, ciudad esta última en la que pasaban trece días. «Iba con nosotros un deportista, Abalo, que cuando nos levantábamos a las ocho de la mañana ya estaba entrenando», explica.
Eran años, apunta, en los que muchos coralistas de El Eco guardaban sus vacaciones en el trabajo para poder viajar con la coral, mientras que su hija evoca como en ocasiones, durante la temporada estival, «veníamos directamente de la playa para ir a Riego de Agua a los ensayos».
En la actualidad, a Susana le supone un notable esfuerzo acudir a los ensayos, pero apunta que tanto ella como muchos otros coralistas lo asumen porque les gusta cantar «y el ambiente es muy bueno; al acabar los ensayos siempre comentas, te vas a tomar un vino o incluso algunos viernes haces algo más».
De todos modos, explica que su intervención en Macbeth (ayer fue la primera función dentro del Festival de la Ópera y mañana, lunes será la última) es posible porque «ya lo hice hace 14 años y me lo sé».
Ambas recuerdan las figuras con las que cantaron, especialmente Alfredo Kraus y Ángeles Gulín «que era encantadora; la había encontrado años después en Madrid y había preguntado por todos, por la gente del coro. Era encantadora».