El chico de barrio que conquistó la ciudad

C.?L.

A CORUÑA

28 sep 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Era extraño caminar por la calle con Palau y no pararse a razón de dos o tres veces cada quince minutos. La frecuencia era incluso mayor al llegar a Monte Alto. Era su barrio. Allí había conocido a los chavales con los que empezó a jugar al fútbol, los mismos que le colocaron el mote importado del apellido del dueño de la farmacia regentada por Rafael Palau Lara, en la que empezó a trabajar como mancebo.

Hacer cabriolas con el pie fue una de sus grandes aficiones. También le gustaba utilizar las señas del mus. Fuera del terreno de juego, en 1980, pasó del banquillo a la presidencia del club de fútbol Orillamar. Allí estuvo hasta 1986, el año en el que Francisco Vázquez, Paco, lo llamó a filas. El Ayuntamiento y el equipo era mucho trabajo, pero Vázquez, su amigo, le daría luego la concejalía de Deportes. Para que no extrañara. Pero esa no fue la única cartera que ocupó. Pasó por Medio Ambiente, Seguridad Ciudadana, Tráfico, Fiestas... Fue uno de los artífices de la idea de llevar las fiestas y verbenas a todos los barrios de la ciudad. Era un chico de barrio y no era justo que la fiesta únicamente estuviera en el centro. Incluso llegó a ser el candidato principal para erigirse en el primer alcalde de barrio. De Monte Alto, por supuesto.

Sus variados cargos dentro del equipo de Gobierno fueron premios a su trabajo, al saber ganarse a la gente poniendo el despacho «en la calle», como llegó a decir alguna vez. Pero sobre todo Vázquez lo llamaba el «talismán». Acostumbraba a ponerlo de número catorce en la lista electoral porque quería garantizar la mayoría absoluta.

Era un vazquista, pero a veces en el discurso también era guerrista. Cuando abandonó el Concello, en el 2006, echó mano de una frase de Alfonso Guerra al comentar que lo que más le enorgullecía era haber colaborado con «el mejor alcalde que ha tenido esta ciudad» porque «a A Coruña ya no la conoce ni la madre que la parió». Aunque dejaba el Ayuntamiento, comentó que iba a ser muy feliz con sus hijos Juan Ramón y Sandra; con su nieto Mateo y con su mujer Emilia. Incluso había vuelto al fútbol. Regía el Varela Silvari, un club filial del Orillamar que Palau refundó en el 2001.