Las estrellas pasaron fugaces

R.D.S

A CORUÑA

16 oct 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

No fueron multitud, pero estaban los más entusiastas. A las diez de la mañana, dos horas antes de la prevista para el desfile por la alfombra roja, en torno al teatro Colón ya se apostaron los primeros hooligans del famoseo. Con fervor monárquico, la mayoría, y mucha curiosidad hollywoodiense, decenas de personas acudieron a ver el paseíllo de las estrellas. Solo los contuvo el importante dispositivo de seguridad que blindó los accesos no ya al teatro, sino a la acera del teatro.

Entre los expectantes, Martita, de siete meses, a la que el sueño rindió a última hora. Y a su lado Pura, de 94 años, que se levantó de su silla de ruedas para poder ver «en condiciones» a la Reina: «Elegante como ella sola», sentenció tras el primer saludo de doña Sofía. Ya lo sabía la señora que, once años antes -recordó mientras esperaba-, coincidió con la monarca en el Mercado de la Plata de México: «Encantadora, me trajeron incluso una silla para que me sentara y estuvimos hablando», contó.

Ayer no fue posible tanta cercanía, pero al menos Sus Majestades se hicieron visibles justo antes de entregar las medallas de Bellas Artes. Los Reyes fueron los únicos que entraron por la alfombra central de la acera del Colón. El resto de los esperados, Banderas o el maestro José Tomás entre ellos, lo hicieron de esguello , lateralmente, por los jardines, de modo que en la esquina opuesta, en Manuel Casás, y en la Marina, la audiencia se quedó con un palmo. Solo Melanie Griffith, que atravesó como invitada entre los espectadores, pudo palpar, literalmente, la devoción popular. Era tanta que la policía y hasta un guardia civil ejercieron de barrera humana. Aún así, la actriz se llevó su ración de piropos de un público ávido de proximidad.

«Muy mal, muy mal... para una vez que vienen y ni siquiera se dejan ver», lamentaba Sesé. Había dejado las lentejas hechas de la noche anterior para no faltar a la cita real. Le acompañaba Toñi, dispuesta a improvisar una comida rápida, -«Hoy toca huevo frito», dijo - para hacer un último intento. Porque claro, hubo que esperar hora y media más, hasta la salida, para tratar de ver de cerca, en vivo y en directo, a personajes que de normal caminan por el televisor.

Los más perseverantes trazaron entonces su estrategia. La carpa del cóctel, en los jardines, dio pistas: «Para el pincho, tienen que pasar por aquí», comentaba Guillermo tomando posiciones en primera fila. Así fue. Comenzó el desfile. Primero, premiados y acompañantes. Todos saludaron, todos sonrieron y poco más. En especial, Melani y Luz Casal, que lanzó un beso al aire y mostró, orgullosa, la insignia en su solapa. Después, los Reyes. El saludo real llegó desde apenas metro y medio. Esa fue la distancia mínima a la alfombra roja, lo más cerca que, quienes carecían de pase, pudieron estar de los ilustres. No hubo baño de masas, ni apretones de mano, ni bicos y abrazos, ni casi tiempo para fotografiar a tanta estrella. «Por lo menos, podemos decir que vinieron, es un orgullo para la ciudad», concluyó Ana.