Martín Cermeño diseñó el proyecto de fortificación de la ciudad en 1774 y pergeñó las murallas que el nuevo aparcamiento de la dársena han puesto al descubierto
01 feb 2009 . Actualizado a las 02:00 h.No se podía imaginar el ingeniero militar Pedro Martín Cermeño y García de Paredes que cuando realizó, en 1774, un proyecto de fortificación de la ciudad de A Coruña, uno de los baluartes, que ubicaba en la zona del Parrote, iba a causar años después un inconveniente importante para la construcción de un aparcamiento de coches, servidumbre obligada de la invasión de tráfico rodado que sufren las ciudades.
Hasta ahora, el procedimiento a seguir era el derribo, sin más, de cualquier resto que se hallase de antiguas murallas, e incluso si se tratase de algo más concreto, como fue el caso del castillo de San Diego (que con los de San Antón y Santa Cruz formaba el triángulo defensivo de la bahía coruñesa), que las palas excavadoras se cargaron en unos días, cuando, en los años sesenta, se construyó el muelle comercial entre la antigua factoría de la Pebsa y el borde norte de la ensenada de Oza, en los Castros.
La razón que dieron las autoridades responsables del crimen artístico y monumental fue «demoledora»: «El castillo estaba muy viejo», vinieron a decir al ser consultados. Lo mismo ocurrió años antes con otro edificio entero, la famosa casa gótica del Parrote (la única que quedaba en la ciudad) y, aunque siempre silenciado, con otros restos aparecidos al construir nuevos edificios en la Ciudad Vieja y que los contratistas hacían desaparecer rápidamente.
Más recientemente, en los años ochenta del pasado siglo, al excavar el aparcamiento de María Pita aparecieron restos de fortificaciones del citado siglo XVIII, que corrieron igual suerte. En el 2001, volvió a aparecer un molesto tramo de la muralla dieciochesca y también fue triturado por las excavadoras. Pero ahora, la Consellería de Cultura ha dicho que no al procedimiento que antes se aplicaba de forma habitual.
Lo más curioso es que los restos del baluarte «incómodo e inacabado», como lo califica el catedrático Soraluce Blond, son menos importantes que el castillo de San Diego, aunque más vale tarde que nunca a la hora de adoptar estas decisiones.
No menos curioso fue que esta polémica surgió cuando el aparcamiento estaba ya excavado.
Volviendo a la historia, Martín Cermeño es un personaje interesantísimo en la Galicia de finales del XVIII. Soraluce Blond, en su importante libro Castillos y fortificaciones de Galicia (Ed. Fundación Barrié de la Maza) le dedica varias páginas. En su etapa como ingeniero jefe de Obras, dejó un proyecto muy a tener en cuenta, con una memoria descriptiva sobre la ciudad, su puerto, el estado de sus defensas y los problemas militares que las deficiencias crónicas de sus fortificaciones podían causar en su seguridad; el nuevo proyecto del frente de tierra rectificaba aspectos del que se estaba realizando en base al diseño de Francisco Llovet, modificado por Marín y Ricaud. Se trataba el amurallamiento del Orzán y de la Ciudad Vieja, así como la necesidad y propuesta de nuevos cuarteles y hospital militar para la plaza.