¿Tren de cercanías? Cómprese un coche

Por Laureano López

A CORUÑA

23 feb 2009 . Actualizado a las 12:12 h.

La mejor promoción para los concesionarios de coches es la red de trenes de cercanías. Como no existe, al sufrido trabajador o estudiante de turno no le queda otro remedio que quemar embrague en el atasco. Esto en Estados Unidos no pasa. En julio comenzará allí la emisión de la tercera temporada de Mad Men, una serie de televisión en la que su protagonista, un publicista de Nueva York, solo utiliza el coche particular para sus momentos de ocio. Disfruta del coche, no lo sufre. Para viajar de casa al trabajo y del trabajo a casa utiliza el tren de cercanías. Mad Men no es una serie de ciencia ficción. Está ambientada, al milímetro, en los primeros años de la década de los sesenta del siglo pasado.

Tampoco pasa en Japón, donde el shinkansen une poblaciones a velocidad de vértigo desde hace casi ya 50 años. Le llaman el tren bala. Aquí, andamos aún con el arco y las flechas. Más cerca que Tokyo, en los cinturones de Bilbao, de Barcelona o de Madrid, los ciudadanos tienen la opción de moverse de un lado para otro sin tener que recurrir al coche particular.

Puede que alguien piense que en A Coruña no se ha puesto en marcha una red de trenes de cercanías porque tenemos la suerte de disfrutar de amplias avenidas y autovías. Así, potenciar los camiños de ferro reduciría el uso y disfrute de vías rápidas y ajenas a los atascos y retenciones, como las rutas Vilaboa-Alvedro o A Coruña-Sabón...

Un periodista de La Voz pudo comprobar hace unos días cómo una infraestructura como el apeadero de la Universidad, donde se invirtieron casi medio millón de euros, es utilizada a diario apenas por una veintena de personas, menos que la plantilla de un equipo de fútbol. Podríamos llegar a la conclusión de que nadie quiere viajar en tren, que los coruñeses aman el atasco como el olor de la sardina y la lumerada en San Juan. Pero no es cierto. Con apenas cinco frecuencias diarias, ¿quien es el valiente que se anima a utilizar este servicio?, se preguntaba un estudiante que vive en Pontedeume, a casi una hora en ferrocarril del campus coruñés. Sirva como ejemplo que la ruta A Coruña-Santiago-Vigo es la tercera de España en ocupación. Claro que tiene 40 frecuencias diarias. Imaginen que la ruta del bus urbano de los Castros a Puerta Real tuviera solo cinco. ¿Sería culpa de los potenciales demandantes que no se usara? Renfe se ha limitado a decir que, a veces, estas cosas pasan. En definitiva, no encuentra o no da respuesta a la infrautilización del dichoso apeadero. Aquí va una: el tren Ferrol-A Coruña tarda en cubrir la línea 66 minutos si es puntual... En la Universidad, que tantas veces pidió la mencionada infraestructura, defendiendo así un medio de transporte más ecológico e infinitamente menos estresante que el coche, no han dicho ni mu sobre esta situación.

Ahora se habla del metro ligero, de la red de buses metropolitanos, pero poco o nada de un servicio que tiene su infraestructura montada en A Coruña, Cambre, Culleredo y, sin ir más lejos, Betanzos (que suman más de 300.000 almas) y que no se sabe muy bien por qué, poco o nada interesa, al margen de las adhesiones que se producen cuando gente como el urbanista Joan Busquets, y pocos más, dan una conferencia magistral sobre el tema.

El tren de cercanías ha caído tan en el olvido que ni tan siquiera la campaña electoral, un tsunami de promesas, ha conseguido resucitarlo. Quizás sea lo mejor. Al menos, no tendremos que lamentarnos de su frustrante y enésimo aplazamiento.