Luis Raposo, cuya vida laboral está ligada a la conducción, dejó la empresa?de autocares que lleva su nombre a su hijo, que la amplió
16 mar 2009 . Actualizado a las 12:21 h.Autocares Luis Raposo es una empresa familiar en donde se ha producido un relevo generacional, que ha conllevado un crecimiento de una firma dedicada al transporte de viajeros y escolares. Luis Raposo García, natural de Boimorto, resume su vida laboral en que empezó a trabajar como viajante de paquetería, después trabajó en la Compañía de Tranvías y posteriormente optó por ser empresario. «Un señor nos la vendió, porque le iba mal y se la compramos», resume a la hora de hablar de cómo se hizo empresario y explica que la vida llevando las riendas de la compañía «más fácil no es», pero le ha dado satisfacciones. Su vida laboral se truncó a sus 53 años «por enfermedad», como califica lo que fue un infarto. «No le aconsejaron que siguiera», explica José Luis Raposo, su único hijo varón, que se hizo cargo de la compañía de su padre. Luis Raposo tiene también una hija, que trabaja como auxiliar de enfermería en el Hospital A Coruña.
«Yo era militar, pero lo tuve que dejar por esto, al darle el infarto. En el Ejército, donde estuve siete años, estaba muy contento, volvería hoy, tengo muchos amigos y he debido dejar buen recuerdo porque nos llaman para hacer servicios», apunta, a la vez que asegura que sigue en la compañía Autocares Luis Raposo S.?L., porque también le produce satisfacciones. «Hubo que levantar esto, al principio con muchas dificultades», explica. Heredó dos autocares y en estos momentos, esta empresa ubicada en el polígono de la Grela cuenta con seis, dedicados al transporte discrecional y al escolar, y una plantilla de nueve empleados.
«Tenemos mucho trabajo, por suerte, pero como decimos los gallegos, hai que sachalo», explica José Luis Raposo, que indica que pese a que existe mucha competencia y muchas exigencias administrativas para el sector del transporte no se pueden quejar del negocio. «Es un mercado que ya tenías y que se ha ido consolidando», explica su padre y apostilla el hijo que han tenido la suerte de que «la gente que ha contado contigo, se ha quedado como cliente».
Afirman que no tienen pensando cambiar sus instalaciones, una nave de 500 metros cuadrados frente al matadero municipal, pero reconocen ambos que el polígono «es una anarquía» y es difícil operar desde esta zona empresarial muy saturada en cuanto a circulación.
«Roma es lo más lejano que hicimos, una vez en la vida, pero no interesa. Hay que tener en cuenta que más kilómetros no supone más dinero», comenta José Luis Raposo respecto a los trayectos más habituales para la empresa. «Los viajes lejos son esporádicos, sobre todo los hacemos por la Península, aunque hemos ido bastante veces a Francia», indica el fundador de la empresa.
Respecto a la clientela, José Luis tiene claro que apuesta por los niños. «Los colegios nos dan muchas satisfacciones, a mí por lo menos», indica y explica que transportan a los escolares del colegio Santa María del Mar y de Compañía de María. De sus propios vástagos, de 16 y 7 años, explica que a ellos, en estos momentos, les encantaría continuar con el negocio del transporte.
Su padre sigue velando por la empresa y, ya retirado, no deja de pasar por las instalaciones. «A mirar si él (por su hijo) lo hace bien», explica entre risas, pero su hijo matiza, que le deja hacer y nunca le dice nada de cómo llevar el negocio.