«Somos os eternos expropiados do Concello», indica Antonio Jaspe, a quien la ampliación del campus le lleva una vivienda en la que asegura que el valor que pierde no se reduce al puramente económico, sino a la vinculación de su familia con la casa durante varias generaciones.
«Sufrimos las expropiaciones de la avenida de Alfonso Molina, la del polígono de Elviña, la de Fertiberia, Matogrande, el parque ofimático, la Universidad, la tercera ronda y el castro de Elviña. Todo esto nos afecta desde 1954», explica Jaspe.
Luis Gómez, otro de los futuros desalojados, puntualiza: «Non estamos en contra do campus, senón dunha expropiación desta maneira». Por su parte, Carlos Maceiras considera que esta ampliación del terreno universitario «é irracional» y se podría hacer sin el coste social que supone demoler las viviendas.