«Soy un gran enamorado del hormigón y lo usé siempre»

A CORUÑA

El arquitecto de la T4 o la reforma del Bernabéu estuvo ayer en la lectura de una tesis doctoral en la Escuela de Arquitectura

18 oct 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

«Pero Antonio, ¡tú eres un sabio!». Lo decía con admiración una de las componentes del tribunal ante el que presentó ayer su tesis doctoral Silvia Blanco, «una alumna brillante», apuntaba José Ramón Alonso, catedrático de la Escuela de Arquitectura. En la defensa de la tesis sobre el arquitecto Rodolfo García Pablos estuvo Antonio Lamela (Madrid, 1926) que empezó a trabajar precisamente con García Pablos. Silvia Blanco, natural de Viveiro, se mostraba agradecida por la presencia de esta figura de la arquitectura española, «que me facilitó mucha información para la tesis y por eso le pedí si podía venir, que no fue fácil porque tiene una agenda muy apretada». Lamela es el autor de obras como las torres de Colón, la reforma del Santiago Bernabéu, la T4 (con Richard Rogers) o el aeropuerto de Varsovia.

-¿Hacía mucho tiempo que no venía a Coruña?

-Sí, muchos años. A Galicia menos porque hice las naves del recinto ferial de Silleda.

-¿Conoce el proyecto de Busquets para A Coruña?

-No conozco ese proyecto.

-José Ramón Alonso destacaba que sí conoce bien el edificio de la Escuela de Arquitectura, ¿por algún motivo?

-Me interesa este tipo de arquitectura y la conozco a través de revistas. Me interesa mucho el hormigón, armado o sin armar, que lo utiliza la humanidad desde hace milenios. Soy un gran enamorado del hormigón y lo usé siempre.

-El edificio de la escuela es una arquitectura colgada como la de sus torres de Colón.

-La de la escuela es arquitectura colgada pero la de las torres de Colón no es colgada sino comprimida contra la cabeza. Tenía un problema de denominación y tuve que inventarme un calificativo nuevo que es el de arquitectura suspendida porque este es el único edificio del mundo hecho desde la cabeza, construyendo el pivote central y luego hacia abajo.

-Fue una obra polémica.

-Las torres de Colón estaban destinadas a viviendas, los promotores querían hacer las mejores de Madrid. Con la conversión de los terrenos salía una torre tremenda, con unos 500 metros por planta que ahora parece una barbaridad pero entonces era habitual. Planteé a los promotores que en lugar de una se hicieran dos, de 20 plantas cada una. El entonces alcalde de Madrid, Carlos Arias Navarro, nos tuvo paralizadas las obras tres años y el asunto acabó en el Consejo de Ministros. Luego, con el tiempo, supe que Franco tenía mucho interés en cómo se hacían estas torres y de noche, de incógnito, iba a ver las obras porque en el fondo le gustaba que se hiciera aquello.

-¿De qué año hablamos?

-Finales de los sesenta.

-¿Como fue lo del taxista que le enseño a usted sus torres?

-Me había llamado el ministro de Vivienda, precisamente para hablar de las torres tras el Consejo de Ministros. Cogí un taxi y le pedí que me llevara lo antes posible. Como iba quejándome del tráfico y diciendo que Madrid era un desastre y en Barcelona no pasaba aquello me llevó por la plaza de Colón para que viera las torres y que aquello no se hacía en Barcelona. Cuando le dije que parecían paradas me dijo que el que las estaba haciendo estaba majareta, como lo demostraba eso de empezar a construir por el techo, y habían tenido que encerrarlo en el manicomio de Carabanchel.

-¿No le dijo que era usted?

-¡No! El estaba convencido de su historia y si se lo dijo igual me dice que también me tenía que llevar a Carabanchel.