Un vuelo con más barreras de lo normal

A CORUÑA

Un discapacitado físico y diabético denuncia que la compañía le extravió durante 48 horas su silla de ruedas y la insulina

28 dic 2009 . Actualizado a las 01:29 h.

El pasado 22 de diciembre, Juan Carlos Arias Millán vivió una auténtica odisea para regresar como cada año a casa de su hermana a pasar las Navidades con sus familiares. Según cuenta este coruñés, no pudo viajar en el vuelo Iberia 524, de las 15.45 horas, que salía de la T4 de Madrid, a pesar de que la aerolínea le comunicó que su silla de ruedas se encontraba ya dentro del avión. En ese momento, él y su medio de transporte se quedaron en tierra a la espera de que Iberia les facilitase una plaza en otro vuelo. Y llegó, pero nueve horas después.

Mientras tanto, Arias tuvo que permanecer en una silla de ruedas facilitada por la compañía. Este coruñés de 49 años padece ataxia, una enfermedad degenerativa que le afecta a los músculos. Y reconoce que le provocó dolores de espalda: «Esas sillas son una auténtica tortura para mí», afirma.

Cuando finalmente pudo embarcar, pasada ya la una de la madrugada, Iberia le comunicó que su silla no podía viajar en el mismo avión en el que iba a ir él y que saldría rumbo a A Coruña en el siguiente vuelo de la compañía. Así que Arias se embarcó con la esperanza de que su medio de transporte llegaría como muy tarde al día siguiente. Pero no fue así. La compañía despistó su silla de ruedas, su maleta y la mochila en la que llevaba la insulina durante 48 horas. No se la devolvieron hasta el día 24 a las 22 horas, siempre según la versión del afectado.

Lo que no entiende Juan Carlos Arias es la razón por la que la compañía no pudo subir la silla en el avión en el que viajaba, a pesar de que reconoce que la atención de la Iberia fue buena: «Tanto el comandante como las azafatas fueron encantadores conmigo», explica.

Su hermana se muestra menos comprensiva: «Tenía miedo de que le diese un coma diabético porque la medicina que toma la llevaba en la silla», comenta.

«Imagínate lo incómodo que estaba en esa silla. Cada media hora lo tenía que levantar o tumbar en la cama para que no le doliese la espalda», explica Ángeles Arias. En cambio, la de Juan Carlos estaba perfectamente adaptada a su enfermedad, era eléctrica y disponía de un cinturón que evitaba las caídas: «Incluso se me cayó de la silla al estornudar porque la que le dejaron no tenía cinturón», explica su hermana. Juan Carlos Arias regresará el próximo 4 de enero a Madrid con la misma compañía. Para el nuevo año le pide a Iberia que no vuelva a tener otro despiste, tal y como le prometieron el pasado 22 de diciembre. Iberia, por su parte, no respondió ayer a la llamada de La Voz.