Cambre vive un mandato convulso, plagado de dimisiones ?y extrañas alianzas entre todos los partidos políticos
05 ene 2010 . Actualizado a las 13:13 h.La calma en Cambre duró tres meses. Pocos días después de que el sempiterno alcalde, Antonio Varela Saavedra, firmará el supuesto pacto de estabilidad con el BNG para el resto del mandato, el PSOE cambrés se ha desmoronado y ha propiciado una nueva reordenación de fuerzas, que deja en minoría a la coalición de gobierno. El proceso de descomposición arrancó ya antes de las pasadas elecciones municipales. Las peleas por ocupar un puesto en la lista que había gobernado el municipio desde la llegada de la democracia se sucedieron y provocaron las primeras escisiones. Manuel Marante, un histórico, fue el primero en buscar la vida fuera de la casa común con un desembarco en el Partido Galeguista que le abrió la puerta del salón de plenos.
Allí se encontró con representantes de Esquerda Unida (2), del BNG (4) y del PP y PSOE (7 cada uno). Pero poco tiene que ver el panorama salido de las urnas con la realidad actual. Así, tras algunos escarceos con el PP, Varela Saavedra optó por gobernar en minoría. Aguantó dos años, hasta que hace tres meses apostó por reeditar la alianza con el BNG del mandato anterior.
Antes, la batalla interna se había producido en las filas nacionalistas y populares. El líder de los primeros, Xabier Iglesias, tuvo que dimitir por un enfrentamiento con el sector duro del BNG de Cambre, que pretendía su relevo y llegó a expedientarle, aunque sin consecuencias. Iglesias se ha quedado en minoría en el Consello Local y tiene difícil repetir como candidato, a pesar de que su gestión es una de las más aplaudidas.
En el PP, la guerra interna se cobró la cabeza del portavoz municipal, José Antonio Baamonde, acusado de «blando» por sus propios compañeros de filas. Nicolás Cubeiro es ahora el que tiene que frenar el ímpetu de algún edil que ya ha sido reprobado incluso en algún pleno. Baamonde, mientras, ejerce como diputado provincial y se ha desligado ya por completo de la gestión municipal.
Pero el caso más complejo es el del PSOE. El primer abandono llegó con la salida de Óscar García Patino, un ex concejal que montó su propio partido, Unión por Cambre, para exigir una renovación interna dentro de las filas socialistas y que asegura que concurrirá a los próximos comicios locales.
Fue la conclusión de un largo proceso que en la dirección del PSdeG se define como desafortunado, que generó una lista pillada por los pelos y que demuestra que lo que mal empieza, mal acaba».
Uno de los baluartes de esa lista, Javier Varela Tejedor, también anunció su dimisión hace pocas semanas tras ser muñidor del pacto con el BNG, aunque, de momento, no ha formalizado su renuncia y solo ha presentado un escrito por registro.
En el ínterin, el que sí dimitió fue Venancio Salcines, atropellado por un escándalo en torno a los recibos de unas cañas que supuestamente había pagado al alcalde coruñés, Javier Losada.
Ahora, la tormenta política se centra en la figura de Beatriz Ramos, la edila que anunció su paso al grupo de los no adscritos el día de Nochevieja, pocas horas antes de las uvas. Su deserción fue anunciada por el PP hace casi un mes y ayer Mar Barcón, secretaria municipal del PSdeG, instó a devolver el acta, «porque se presentó en una lista donde hay una lealtad y una disciplina de voto que ha roto con la clara intención de mercadear y anteponer sus intereses personales a las necesidades del municipio y de sus vecinos».