Encrucijada coruñesa

Carlos Marcos Blanco

A CORUÑA

01 abr 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

«Fíense de mí». Esta propuesta, aparentemente bondadosa, genera, hoy por hoy, cuando es pronunciada por un político, el efecto contrario al ánimo con el que se pronuncia. La Coruña se ha fiado, en los últimos 25 años, de políticos de todos los colores. Nos han fallado siempre, por desgracia. Es más, la torticera idea de que para ser un buen gallego hay que ser un mal coruñés, tiene sus orígenes en intereses políticos.

La Xunta de Galicia acordó un apoyo multimillonario al sector de la automoción (Vigo). Más de 100 millones de euros en apoyos para el sector textil o para el de servicios o para infraestructuras, entonces la sugerencia se convierte en localismo. Cada ciudad gallega tiene su perfil y su personalidad. Si Lugo exige un reconocimiento a su protagonismo en el sector agrario, la petición es justa. Si Ferrol aspira a construir buques en sus castigados astilleros, la propuesta es razonable. Si Orense reclama ayudas al cooperativismo, merece el aplauso de todos. Y así un largo etcétera. Pero si La Coruña pide, en justicia, su reconocimiento como ciudad líder en el ámbito financiero, entonces es localismo.

La Coruña ha actuado con cortesía y prudencia ante el movimiento generado en torno a la fusión de las cajas. Nos hemos limitado a ofrecernos como sede de la institución financiera resultante de la virtual fusión de las cajas gallegas. Es, en todo caso, una aspiración legítima y fundada que, naturalmente, en cualquier proceso negociador se podrá matizar. Y hasta aquí llegó, de forma absolutamente mesurada, nuestra propuesta. Por el contrario en Vigo, el señor Caballero sacó a la calle a miles de personas en un movimiento marcadamente político y alienta, cada día, al boicot del proceso fusionador. El resultado es, según recogen los medios de comunicación, que el presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijoo, le pide al señor Julio Fernández Gayoso que estudie la posibilidad de una fusión liderada por Caixanova. Adiós equilibrios y paridades. De alguna manera el alcalde vigués obtiene importantes réditos a su desmesurada posición. Eso sí, como los políticos no quieren ofender a Vigo, nos meten a todos en el mismo saco y hablan sin ruborizarse del localismo de La Coruña y Vigo. No señores, nada tiene que ver el posicionamiento sensato de nuestra ciudad con el mesiánico comportamiento de Abel Caballero. Es el colmo que se pretenda ofender a los coruñeses por las actitudes del alcalde vigués.

La fusión, que a veces se disfraza de efusión y que al final nos llega a los ciudadanos en forma de confusión, la fusión, decía, es la gran desconocida por el pueblo. Mucho político hablando y mucho financiero callando. Los ciudadanos no conocemos la auditoría que encargó la Xunta, tampoco se nos informa de la situación real de cada caja. Todo parece indicar que los tiempos que el señor Gayoso quiere ganar van orientados a la espera del próximo avance de los resultados que las cajas han de realizar en cuestión de días. Ahí puede estar el nudo gordiano de la operación. ¿Qué pasaría si los resultados no son buenos y alguna caja ve en peligro su coeficiente de solvencia, ese ocho por ciento exigido por el Banco de España? ¿Cómo influiría tal posibilidad en el posicionamiento del ambas cajas a la hora de negociar la fusión?

Sinceramente pienso que, por la hoja de ruta que los políticos de la Xunta han diseñado para este proceso y a la vista de los últimos acontecimientos, La Coruña y por ende Galicia pueden ser las grandes perdedoras en el resultado final de esta deseada fusión que ahora, más que eso, es una enorme confusión. Estén atentos y, sobre todo, no se fíen, nos jugamos mucho y La Coruña debe salir con dignidad de esta encrucijada en la que nos han metido sin consultarnos.