Fans del grupo durmieron a las puertas de una tienda para hacerse con las entradas de su concierto en Bilbao
23 abr 2010 . Actualizado a las 02:00 h.Lo de AC/DC ya entra dentro de la categoría de los U2 o Bruce Springsteen. Es decir, el ritual de verlos en directo no solo incluye viajar al lugar en donde toquen, comprarse la camiseta y sudar como un fan de verdad. No, además, exige un sacrificio extra: hacer cola una noche entera para lograr una entrada.
«Sarna con gusto no pica», dice Javier Regueira a las puertas de la Fnac. Son las 9.45 horas. Allí lleva desde las cuatro con sus amigos Juan Var y Martín Greco. Tienen una misión: lograr una de las entradas para el recital que los australianos darán el 28 de junio en Bilbao. «Para tener una entrada segura hay que hacer noche», explica Var. «AC/DC generalmente despierta mucha expectación y agotan en cuando se ponen a la venta. En Internet te la juegas», dice.
No fueron los primeros. Néstor Acuña y Pablo Díaz se plantaron a las dos y media. «Para nuestra desgracia», dice el primero, con unas enormes ojeras. Vienen de Pontevedra. «Menos mal que la noche no fue muy fría», dice Pablo, que, al contrario que su amigo que vino con un saco de dormir, no se trajo nada: «Me tapé con la chupa y sin problema».
Grandeza y «rock 'n' roll»
Es indiscutible, al menos en esta cola: AC/DC son la mejor banda de rock 'n' roll del planeta. «Ver a Angus Young ahí, con sesenta tacos dándolo todo es impresionante», opina Var. Él los vio el año pasado. «Pese a los 72,50 euros merece la pena».
Entre los compañeros de cola hay algún pícaro capaz de poner su trabajo en la cuerda floja. «Yo, justo después de coger la entrada, tengo que ir al médico para que me de un certificado para justificar que estoy de baja, que le dije al jefe que estoy enfermo», explica uno de los primeros de la cola.
Y a las diez llega el momento. Se sube la persiana y empieza la venta. Néstor las besa entre los aplausos del resto. «¡Las tengo, las tengo!». «En unas horas costarán mucha más pasta», augura su compañero. Cuatro localidades se despachaban por persona, supuestamente para evitar la reventa. La habrá, sin duda. Por la tarde ya estaban los tiques agotados en toda España.