El dueño de la taberna recuerda los buenos momentos ?vividos entre amigos, mientras recoge las últimas cosas
03 jul 2010 . Actualizado a las 02:00 h.Luis Ángel García, el propietario del Odilo, volvió a abrir la puerta para limpiar y empaquetar los recuerdos que quedaban en la taberna más antigua de la calle de la Torre. Mientras recoge los ceniceros y vacía las neveras se acuerda de todos los amigos que pasaban por el bar y las juergas que allí se montaban.
El dueño trabajaba en la Fábrica de Tabacos y cuando se quedó sin trabajo tuvo que decidir, si emigrar o no. Él ya había emigrado con su familia cuando era un niño y no quería irse otra vez. Cuando se enteró de que el anterior dueño se jubilaba no se lo pensó dos veces y le propuso a su mujer ocuparse del Odilo. Hoy está triste, porque su negocio, dice, no funcionó: «Llevaba tiempo pensando cerrar el bar, porque si no va bien, no debes dejar que incremente la bola de nieve; si no puedes con catorce, menos con dieciocho».
Luis Ángel dice que «no podía afrontar los gastos por culpa de la crisis. La crisis es el factor fundamental». El dueño no quería cerrar, pero se le juntaron demasiadas cosas: los impuestos, seguros, el sueldo del empleado... «Y es muy difícil mantener todo eso, vendiendo tazas de vino a 50 céntimos. Los viernes y sábados servíamos cenas, solía venir gente joven, ahí sacábamos algo más, pero al ser solo dos días es imposible». El propietario de la taberna se encuentra tranquilo, aunque escuchase rumores de los vecinos que decían que debía cuatro meses de alquiler o que le habían dado dinero porque van a tirar la casa en la que se encontraba el local.
Los habituales reclamaron las tazas que tenía cada uno con su nombre e incluso hubo uno que mandó a su nieto para que le llevase un taburete. Aún no tiene decidido qué hará con el elemento más característico del local, el bastón, con el que cambiaban de canal la televisión y tenía un lugar privilegiado en la pared.
Ahora piensa qué hará en los próximos meses. No tendrá derecho a paro por ser autónomo, pero aprovechará el tiempo para ver qué ofertas surgen, aunque cree que será complicado por su edad. Ahora se dedicará a las labores del hogar, aunque reconoce que no sabe hacer las camas y este será su objetivo a corto plazo.
Agradece las muestras de cariño por parte de sus clientes y amigos, que como dice él «son los mismos», y recordará siempre los buenos momentos que disfrutaron juntos durante estos años con una taza de vino en la mano, aunque la vide cambie.