El Salón del Cómic cerró su decimotercera edición con un nuevo récord de visitas que consolida a la ciudad como una de las capitales internacionales del noveno arte
17 ago 2010 . Actualizado a las 14:59 h.Era la edición número trece y, aunque se explicase en tono de broma, existía cierto temor al mal fario que acompaña al cardinal. Pero la afición al cómic de la ciudad, o al menos su curiosidad, pudo con los meigallos , quién sabe si ayudada por la magia de Mandrake o los poderes de Los 4 fantásticos y demás héroes que se dieron cita un verano más en Viñetas desde o Atlántico.
No existen cifras exactas -es imposible contabilizar los visitantes teniendo exposiciones abiertas en media docena de lugares repartidos por toda la ciudad, aclaran desde la organización-, pero bastaba con darse una vuelta por los jardines la semana pasada para comprobar que se trataba del salón más visitado de los trece años que acumula de historia. Un éxito que, entre otros factores, vino propiciado por la calidad de exposiciones como la retrospectiva de Will Eisner, que por fin llegaba la ciudad tras años intentándolo, o la presencia de autores referenciales como el británico Dave McKean.
Al éxito de público hay que añadirle otro logro de la organización: la satisfacción con la que pasaron por A Coruña los autores invitados. Carlos Pacheco, el más internacional de los dibujantes españoles, por cuyo pincel han pasado personajes como Superman o Batman, fue el primer ilustrador que repitió presencia en Viñetas, tras haber participado ya en la primera edición. Viejo conocedor del salón, por lo tanto, no dudaba en garantizar que «para los autores es una delicia venir a A Coruña», y añadía que el factor que marca la diferencia entre este festival y otras citas semejantes tiene nombre y apellidos: Miguelanxo Prado. Y es que el director de Viñetas es el principal garante, no solo de la solidez del cartel y de la amplitud de miras del certamen, sino también de la buena fama que este tiene entre los creadores.
El francés Émile Bravo explicaba que se notaba enormemente que el responsable del salón era un autor y no una editorial: «En otros lugares te tienen firmando horas y horas sin más. Aquí existe contacto real con el aficionado, es mucho más dinámico y enriquecedor para ellos y para nosotros». Así que con las referencias que vayan dejando por sus lugares de origen los invitados que han pasado por el Kiosco Alfonso, pocos se resistirán a la llamada de Prado para futuras ediciones.
Una calle sin crisis
Otro fantasma planeaba sobre esta edición de Viñetas, y este mucho más temible que una mera superstición: la crisis. Si bien este no es un salón de cómic eminentemente comercial, sí tiene una calle destinada a la venta de tebeos donde se dan cita editoriales, librerías especializadas, coleccionistas y aficionados en general. En la conocida como Rúa da BD se temía que las ventas de ejemplares no cubriesen el desembolso y el esfuerzo que para muchos expositores supone acercarse hasta A Coruña.
Pero se obró el milagro: el ingente número de visitantes que curioseó por las casetas hizo que compensase el menor capital que se le suponía a los aficionados. No hubo queja. Se vendió lo que pudo venderse y, en términos generales, los asistentes comprometieron su regreso para la próxima edición, en la que se espera que aquel modesto sueño que hace trece años se hacía realidad continúe sorprendiendo a propios y extraños.