El factótum que pinta con píxeles

Fernando Molezún A CORUÑA/LA VOZ.

A CORUÑA

Defiende el riesgo del cine experimental en sus cortos, dotados de un complejo desarrollo plástico que le ha hecho merecedor de numerosos premios

31 oct 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

«Todos mis trabajos tienen un punto experimental. Creo que los creadores jóvenes tenemos la obligación de matar al padre, innovar. Si no, no hay evolución». Así de rotundo se muestra Carlos Seijo (A Coruña, 1980) en su concepto del cine. Director, guionista, músico, pintor; el currículo de este factótum cinematográfico está conformado por cortos como Elevation, Sen escrúpulos, Pode ser o Empatía, a los que en breve habrá que añadir Kune, actualmente en posproducción. Reniega de la condición de cinéfilo -«odio más películas de las que amo», asegura-, aunque reconoce que le cuesta evitar referencias: «En el cine hay demasiado contagio. Hay películas que he visto quince veces, pero huyo de tener un nombre en mente cuando ruedo, porque corres el riesgo de dejar de ser tú mismo».

Obsesionado por la estética y el dibujo desde niño, estudió Belas Artes en Pontevedra, «aunque no considero que esa sea mi formación primordial. Fue una grata experiencia, pero mi formación es más fortuita y particular». Aunque trabajó como ilustrador para agencias publicitarias como BAP&Conde fue en Belas Artes donde descubrió y profundizó en el terreno de la videocreación, sin olvidar viejas pasiones como la música. Se metió entonces en el mundo del guión y llegó a trabajar con Miguelanxo Prado en unos spots sobre desarrollo sostenible.

Primer corto, primer triunfo

Pero el salto a la dirección lo hace por las bravas: «Me presenté a un festival de cortos express en Ribadeo, en el que te dan un tema y 48 horas para rodar. Lo organizaba Mr. Misto, que son con quienes me metí y crecí en esto, quienes produjeron mis siguientes cortos y a los que estaré siempre muy agradecido». En tres tardes tenía listo Sen escrúpulos, su primer trabajo, y con el que consigue un premio de 3.000 euros en el festival que rápidamente invierte: «Me compré mi primer Macbook Pro, que es mi laboratorio. En él escribo guiones, edito música, hago la posproducción...». Y eso que los trabajos de Carlos Seijo cuentan con mucho retoque de imagen: «Suelo modificar el espacio. Por ejemplo, en Empatía recreé el desierto de Arizona grabando en Galicia. Eliminé todos los árboles y demás interferencias verticales y me quedé solo con la superficie», explica.

Con su anterior corto todavía en circuito, terminó de rodar su último trabajo, Kune, hace apenas dos semanas. Y lo hizo en los Cantones, bajo la producción de la joven Pixel Films, «con cuyos miembros ya había trabajado antes, lo que facilitó enormemente la tarea», cuenta el director, que asegura que se trata de «un proyecto más ambicioso» y que cuenta con el apoyo de la Xunta, el Ayuntamiento de A Coruña y la Asociación Sociopedagóxica Galega. El corto vincula dos realidades, «una social, con la emigración de fondo y que hemos rodado en A Coruña; y otra fantástica, rodada en una fortificación en Valladolid y para la que contamos con el trabajo de Gael Lendoiro, la mayor promesa del 3D gallego», explica Seijo.

La película cuenta con un personaje creado íntegramente en 3D, «pero el mayor reto es hacer todo eso en mes y medio», advierte. Para ello cuenta con un truco: «Escribí el guión al mismo tiempo que realizaba el story board y lo animaba. Incluso le puse música, de modo que me adelanté a la visión en conjunto y me evité muchos problemas en el rodaje». Entre los hallazgos que ha supuesto esta película, destaca el director, sobre todos ellos, a Marina Albaiceta, la joven actriz de tan solo 9 años que «se convirtió en el alma de la cinta. Está impresionante», asegura.

Puesta de largo

No le preocupa el consabido salto al largometraje, de entrada porque duda que sea realmente un salto: «Es negativo entender el corto como un camino hacia el largo, o como una carta de presentación. Eso lo convierte en un discurso publicitario. El largo no está por encima del corto, simplemente cada historia requiere un tiempo concreto». De hecho, tiene ya varios largos en mente, «alguno ya medio escrito, pero ya llegará su momento», dice Seijo.

En contra de lo que pudiera parecer no ha abandonado aquella primera pasión por la pintura, «lo único es que ahora pinto con píxeles», explica. Todos sus trabajos tienen una gran intensidad plástica y, en Kune, incluso hay una animación basada en unas acuarelas suyas. La pregunta entonces sería si el discurso narrativo corre el riesgo de perderse en favor de la estética: «Es algo que me preocupa, pero lo afronto. Aunque a menudo me sobrepasa y termino rindiéndome. Tengo que cuidarme del arte», reconoce este polifacético cineasta que se encarga del guión, dirección, montaje, posproducción y banda sonora de todos sus proyectos y que, además, imparte clases en la escuela Marcelo Macías y prepara un curso sobre elaboración de story boards que se celebrará en el marco del programa Noitenova.