Por qué esto no es Japón, ni nada que se le parezca

A CORUÑA

Por Laureano López | laureano.lopez@lavoz.es

08 nov 2010 . Actualizado a las 12:05 h.

No vamos a hablar de la matanza de delfines en Taiji. Tampoco de los delirios de Sánchez Dragó. Ni de los neones de Akihabara, las tribus urbanas del Yoyogi o las tiendas de lujo del Ginza y los almendros en flor. No hablaremos de los precios de la fruta -melones a cien euros en un depachika-, ni de los guantes blancos con los que cubren sus manos los taxistas, ni de las maikos de Gion o la exquisita educación de sus vecinos, ni de los hoteles del amor o la explosión alegre de Shibuya, ni de la sorprendente ausencia de papeleras y su quizás por ello notable limpieza de las calles, ni del ramen celestial de Ebisu o la sublime tempura que sirve el Daikokuya...

Hablaremos del transporte. Y veremos por qué esto no es Japón. No hay en Japón ni rastro de la doble fila, ese monumento patrimonio de esta ciudad elevado, no sabemos muy bien por qué, a la categoría de derecho. En el metro, trabajadores y estudiantes dormitan mientras cruzan Tokyo de lado a lado, de la lonja Tsukiji a los souvenirs de Asakusa. Si hiciéramos la prueba aquí en A Coruña, por ejemplo a la altura de Matogrande, al despertar seguiríamos exactamente a la altura de Matogrande.

No somos Japón, ni nada que se le parezca, en materia de transporte público, una de sus mil y una maravillas. Por algo ellos son la segunda potencia mundial. No pierden tiempo en atascos ni entienden de fronteras entre concellos. Aquí algo hemos avanzado. Hemos hecho una foto: la del acuerdo para poner en marcha el transporte metropolitano... Si fuéramos Japón esa foto sería en blanco y negro, pues estaría hecha hace más de medio siglo. Los mismos casi que tiene su AVE, el tren bala que comunica Tokyo con Kyoto, 513 kilómetros de distancia, en apenas dos horas y media. En la ciudad de los mil templos, más parecida, salvando las distancias, a A Coruña, los vecinos viajan en bicicleta y en bus urbano, que funciona como un reloj de precisión, y sin necesidad de digitalizaciones de paradas. Cruzar Kyoto para contemplar el templo dorado es un placer, no una retención...

¿Hemos empezado a despertar? Ojalá sea cierto. La próxima semana se licitará la ampliación de Alvedro y el concurso para la redacción del proyecto de la intermodal, que llevamos, por cierto, anunciando ocho años. Nos quedaremos con lo positivo: avanzamos. Pero tampoco podemos olvidar lo negativo, ni que a pesar de todo vivimos en la prehistoria de las comunicaciones: lo invertido en la tercera ronda y en la vía Ártabra no llega para un tercio de su recorrido, no tenemos shinkansen, ni JR, ni metro ligero ni pesado. Viajar de Monte Alto a Perillo es como hacerlo a Tombuctú. Quizás quienes sufrimos el atasco nuestro de todos los días seamos unos exagerados, pero sobrados motivos tenemos. Está claro por qué esto no es Japón. Solo un ejemplo gráfico, que muchos entenderán: no hay en Japón ni rastro de la glorieta de Sabón.