27 ene 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

Albión siempre ha dominado el escenario. Drama y comedia. El programa Little Britain (Pequeña Bretaña) dibuja un cruel e hilarante mapa en relieve, con picos y abismos. Maggy es una adorable anciana que, entre paseos y tés a las cinco, vomita sobre todo aquel que no transite por su senda tradicional, ya sea un niño de origen indio o una afable lesbiana. Daffyd es un seudogay que lanza comentarios homófobos cuando ve amenazada su supuesta singularidad. Marjorie es una experta en dietética que insulta con saña a los que acuden a sus clases con kilos de más. Andy es un tipo que finge una parálisis para aprovecharse de un amigo inocentón llamado Lou. Vicky es una adolescente pandillera que vive alojada dentro de un chándal, destroza a un tiempo el chicle y el idioma inglés, y presume de haber traído a su callejero mundo a varios hijos. Humor negro, gris y escatológico, no apto para todos los paladares ni para cualquier estómago. Personajes así hubieran hecho rodar cabezas en cualquier televisión de España. Sin embargo, Little Britain es un producto de la BBC. Juega en el terreno del humor y por eso excava hasta el hueso de lo políticamente incorrecto.

Pero lejos de las máscaras no vale todo. «¿Qué sabrán las mujeres del fuera de juego?», dijo Andy Gray, periodista del canal Sky Sports. Se refería a la labor de la juez de línea Sian Massey. El diario The Guardian se preguntó, a su vez: «¿Saben los hombres explicar el fuera de juego?». Y Rio Ferdinand, capitán de la selección inglesa, criticó esta «perspectiva prehistórica». Gray fue despedido. Creyó que el suyo era también un escenario con barra libre. Y cayó el telón.